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    From ivanvalarezo@gmail.com@21:1/5 to All on Fri May 26 18:16:27 2017
    Sábado, 27 de Mayo, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (Felicidades a todo nuestro Gran Ecuador por su nuevo Presidente Constitucional: Lenin Moreno. Y que nuestro Padre celestial nos bendiga como siempre, cada día de nuestras vidas, por medio de su Hijo Jesucristo, dándonos cada vez más de sus ricas
    bendiciones y de sus riquezas insondables de su Espíritu Santísimo, que jamás deja de caer sobre nosotros y hasta que finalmente nos introduce en la vida eterna de La Nueva Jerusalén celestial. También felicitamos al flamante Presidente
    Constitucional de Francia: Emmanuel Macron. Y que nuestro Padre celestial bendiga grandemente a sus hijos e hijas con su nuevo gobierno legislativo, por su Hijo Jesucristo se lo pedimos, y así todos ellos sean llenos de su Espíritu Santo que sigue
    descendiendo sobre toda Francia por los poderes de su santo nombre fuego y su palabra llena de vida y de verdad: enriqueciendo toda alma francesa, siempre. ¡Amén!)

    LA CARNE SAGRADA DE YESHUA (JESÚS) TE ELEVA AL LUGAR SANTSIMO: SIN PECADO:

    Nuestro Padre celestial le ordenó a Moisés que le presentase un toro joven y dos corderos, para ser ofrecidos a la entrada del tabernáculo de reunión, porque él estaba listo para aceptar a Aarón y a sus hijos como sacerdotes del Lugar Más Santo de
    los Santos, para que ministren de todas las cosas santas en Israel para perdón, sanidad y salvación. Aarón el sumo sacerdote tenia que vestir con las vestiduras de exquisitez celestial, que nuestro Padre celestial le había enseñado a Moisés para
    que lo preparase para él y sus hijos, que trabajarían en las cosas santas del tabernáculo de reunión, con perfecta santidad, para que no mueran ministrando en su santa presencia.

    Estos eran vestidos de exquisitez celestial y hermosura que agradan al Padre celestial, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo, y así Aarón con sus hijos puedan ministrar en el tabernáculo y hasta en el Lugar Santísimo ante su presencia celestial,
    para que los bendiga a ellos y a los hijos de Israel con bendiciones poderosas de perdón, sanidad, prosperidad y salvación. Es decir, de que nadie de entre las familias levíticas podían acercarse al tabernáculo de reunión y de sus cosas santísimas
    de Israel, sin vestir apropiadamente con hermosura celestial así como el Padre le había instruido a Moisés, para que puedan hacer el trabajo debido para poder bendecir a Israel, sin tener a nadie que muera, por culpa de impurezas.

    Puesto que, cualquiera en la familia levítica que falle en vestirse apropiadamente con sus vestiduras sacerdotales junto con quien sea de entre las doce tribus de Israel, que se acerque al tabernáculo de reunión y de las cosas santas de Israel con un
    corazón impuro y una disposición indiferente hacia las cosas santas, entonces podía morir instantáneamente y sin aviso alguno. Por ende, el tabernáculo de reunión tenía que ser resguardado constantemente por miembros de la familia levítica y de
    los sacerdotes, designados para mantener a las gentes y a los animales extraviados de acercarse a las cosas santas de Israel, para que no mueran en el proceso de acercarse al Lugar Santísimo, de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo.

    Ahora, cuando Aarón como el primer levítico sumo sacerdote de Israel antes de entrar en el tabernáculo de reunión y hacia el Lugar Santísimo, para estar en la presencia santísima del Padre, entonces él tenia que ofrecer un novillo junto con dos
    corderos que tenían que ser sacrificados, a la entrada del tabernáculo: porque él tenia que santificarse por completo, primeramente. Y antes de entrar: Aarón tenia que vestir su vestidura sacerdotal por siete días, y en cada día tenia que
    sacrificar un novillo y hasta el Sábado, entonces él estaría completamente santo para entrar a la presencia santísima del Padre: porque el Padre mismo estaría listo allí para recibir las ofrendas, oraciones y peticiones, para bendecir a todo Israel
    con santidad perfecta.

    Aarón al entrar en el tabernáculo, y especialmente a Lugar Santísimo, entonces él tenia que salpicar la sangre del animal sacrificado sobre él como su dedo gordo de la mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho, porque luego también tenia que
    salpicar la sangre sobre la cortina antes de entrar a la presencia santísima del Padre, para ser aceptado. Seguramente, Aarón tenia que salpicar la sangre del animal sacrificado siete veces sobre la cortina azul, púrpura, carmesí separando los
    lugares santos del Lugar Santísimo, porque cada vez que él salpicaba la sangre sobre la cortina junto con las cosas santas del tabernáculo de reunión, entonces tenia que ser hecho así por cada día de la semana hasta entrar en el Sábado.

    Visto que, seria en este día muy santo de purificación eterna en que nuestro Padre celestial no solamente estaba listo para recibir al levítico sumo sacerdote de la casa de Israel, pero igualmente a su Hijo Jesucristo como el Santo de Israel que nacer
    a en los años venideros, del vientre virgen de la hija de David, para ser el sumo sacerdote eterno. Puesto que, seria su Hijo Jesucristo quien entraría con su carne sagrada, nacida de la hija de David, bañado en su sangre santísima con el santo
    nombre fuego del Padre, volando sobre el cielo israelí y sobre el altar del amor prehistórico, en que Abraham e Isaac encendieron fuego, para recibir al Cordero de Dios con la salvación perfecta de todos, finalmente.

    Dado que, antes de la manifestación de su Hijo Jesucristo, nacido del vientre virgen de la hija de David y bañado en su sangre santísima de perfecta santidad, para tener el santo nombre fuego del Padre y del Espíritu Santo entrando en Israel, para
    quedarse sobre el altar del amor prehistórico, entonces, él tenia que haber vivido ya nuestras vidas y redimidas, perpetuamente. Pues, ésta era la razón de nuestro Señor Jesucristo de nacer de la hija de David en Israel, bañado en su sangre santí
    sima, para que el santo nombre fuego sea bienvenido finalmente sobre el altar del amor prehistórico, para que él derrame toda su vida santísima en el Lugar Santísimo y en Israel, y así la salvación de todo creyente sea posible.

    Por eso, es que todos los sumos sacerdotes levíticos, empezando con Aarón, eran rechazados por nuestro Padre celestial cuando entraban en el Lugar Santo de los Santos, porque habían fallado de todos ellos en vivir sus vidas santísimas, complacientes
    y aceptables en su presencia santísima, para él perdonar todo pecado, transgresiones, y faltas cotidianas: con una vida santísima ya vivida en Israel. Por ende, los sacerdotes levíticos, empezando con Aarón, fallaron de haber vivido esta vida muy
    gloriosa que solamente el Padre, su Hijo y el Espíritu siempre han conocido, para que el Espíritu Santo de los Diez Mandamientos sea cumplido y glorificado enteramente en Israel como en el cielo, para que la salvación de todos sea finalmente posible
    hacia toda la eternidad venidera.

    Por eso, es que los sacerdotes levíticos morían, ministrando en el Lugar Santo de los Santos ante nuestro Padre celestial, porque jamás podían alcanzar sus estándares espirituales, que no solamente los enriquecería a ellos por medio del amor,
    santidad perfecta y gloria pero igualmente a cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y con todas bendiciones necesarias y salvación eterna, perpetuamente. Los sacerdotes levíticos siempre fallaron en conocer esta vida maravillosa que solamente el
    Padre, el Hijo y el Espíritu la conocían perfectamente y que la vivían continuamente y sin contaminación alguna, como las familias de las naciones que se contaminan regularmente, empezando por Israel, y que tenían que conocerla/poseerla para entrar
    al Lugar Santísimo eternamente enriquecidos y justificados, para siempre.

    Ciertamente, por toda la vida de Israel en el desierto del Sinaí, el tabernáculo de reunión siempre estuvo listo para recibir los mejores de los sumos sacerdotes posibles que las familias levíticas podían presentar ante nuestro Padre celestial y en
    su Lugar Santísimo, pero todos quedaron muy cortos de encontrarse con él en su santidad perfecta, porque morían repentinamente, ministrando santidad purísima. Es decir, que cuando los sacerdotes levíticos eran rechazados en el Lugar Santo de los
    Santos, porque el estándar de santidad era inadecuado para encontrarse con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entonces ellos morían que sus campanillas dejaban de sonar y, por ello, tenían que ser jalados hacia fuera con una soga atados a ellos
    mismos antes de entrar.

    En vista de que, nadie de las familias levíticas podía entrar al Lugar Santo de los Santos para rescatar al sumo sacerdote caído, para jalarlo hacia fuera del tabernáculo de reunión, para que reciba su atención medica, porque él ya había muerto y
    estaba lejos de ser rescatado por falta de santidad perfecta, y que la requería para permanecer en el Lugar Santísimo. Es decir también que el sumo sacerdote caído tenia que ser jalado con una soga amarrada a su cintura, porque él no podía
    continuar muerto y tendido en el Lugar Santo de los Santos y en la presencia santísima del Padre, porque éste lugar estaba únicamente reservado para su Hijo Jesucristo al morir por los pecados de Israel y del mundo entero.

    En otras palabras, inmediatamente cuando los sumos sacerdotes levíticos atados a la soga de su cintura no se les oía ya más sus campanas, entonces se decía de que habían sido rechazados y, por ende, tendidos en el suelo ante nuestro Padre celestial,
    entonces tenían que sacarlos rápido: porque no podían seguir muertos más del tiempo permitido por el mismo Padre celestial. Únicamente su Hijo Jesucristo como el Santo de Israel podía realmente permanecer caído y muerto en el Lugar Santo de los
    Santos, porque al ser clavado al madero de la casa de Israel que yacía en el Valle de los huesos secos, entonces él derramaba su sangre reparadora sobre ellos, y el santo nombre fuego ardía intensivamente sobre su cabeza sin parar.

    Por ende, al nuestro Señor Jesucristo derramar su sangre reparadora sobre la madera de la casa de Israel, tendida sobre el Valle de muerte, y que todos ellos estaban tan muertos como él mismo, porque había derramado toda su vida santísima para
    lavarlos, limpiarlos, de todo pecado en un día, entonces volvieron a la vida instantáneamente ante nuestro Padre en el cielo. Es decir, que el único a quien nuestro Padre celestial podía recibir muerto como los que yacían en el Valle de los huesos
    secos de la casa de Israel, esperando por las promesas de misericordia eternas y de gracia interminable, fue su Hijo Jesucristo, y muerto ante él: porque con su muerte única, entonces él levantaría a Israel a la vida nuevamente.

    Aquí es cuando nuestro Señor Jesucristo no solamente había derramado toda su vida divina, vivida tan santamente en el cielo delante de nuestro Padre celestial y de las huestes angelicales, pero igualmente ante cada uno de sus hermanos y hermanas en
    Israel, para que entonces él mismo levantarlos a la vida nuevamente con su muerte santísima y resurrección asombrosa y eternal. Por eso, es que cuando nuestro Señor Jesucristo murió clavado al madero del Israel antiguo, yaciendo en el Valle de los
    huesos secos, entonces él murió sobre sus carnes sagradas que habían acumulado los pecados e heridas del mundo entero: porque al ser clavado a sus cuerpos muertos inmediatamente él destruyó todo pecado, entregándoles así vida eterna en el Lugar
    Santísimo, perpetuamente.

    Puesto que, ésta es la victoria que nuestro Padre buscaba ver en su Hijo Jesucristo a que la cumpla no solamente en el cielo o en las ciudades de Israel, pero sobre su altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espíritu Santo,
    para que él pueda gozar de victorias eternas en el Lugar Santísimo con sus hijos renacidos. Visto que, una vez que nuestro Padre celestial ha logrado no solamente de tener a su Hijo Jesucristo clavado al madero, que es realmente la carne del Israel
    antiguo, yaciendo en el Valle de muerte, para finalmente recibirlos a todos ellos en su Lugar Santísimo, y bañados en la sangre reparadora para salvación eterna: solo entonces él pudo reconocerlos como sus hijos, perpetuamente.

    Ahora, nuestro Padre celestial no solamente podía aceptar a cada uno del Israel antiguo, yaciendo en el Valle de muerte y en sus vidas pecadoras que las vivieron en sus días en Israel, pero igualmente recibirlos en su Lugar Santísimo como sus hijos
    legítimos: porque ahora habrán vivido sus vidas gloriosas por medio de su Hijo Jesucristo y en Israel, para salvación eterna. Por lo tanto, todos ellos tienen un hogar con él en La Nueva Jerusalén celestial, en donde todos seguirán viviendo la vida
    gloriosa que fallaron en vivir ante nuestro Padre celestial en Israel, pero con su Hijo Jesucristo ya la empezaron a vivir en su perfección, por ende ascienden al cielo conociendo la vida gloriosa del Santo de Israel, para ser aceptados finalmente.

    Es decir, que su Hijo Jesucristo nació bañado en su sangre reparadora de la hija de David, para vivir la vida santísima de cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones, obedeciendo al Espíritu Santo de los mandamientos, exaltándolos
    con gloria eterna ante el Padre en el cielo: conquistando así toda salvación perfecta en el Lugar Santísimo, perpetuamente. Esto fue algo que únicamente su Hijo Jesucristo podía hacerlo para sus hermanos y hermanas en Israel y en las familias de las
    naciones, y esto es de vivir la vida perfecta y gloriosa que cumple y glorifica el Espíritu Santo de los mandamientos ante el Padre en el cielo, para que sean aceptados como ciudadanos de La Nueva Jerusalén celestial, para siempre.

    Ya que, nadie que había fallado en vivir su vida santa en Canaán podía jamás entrar en su presencia del Lugar Santísimo, del altar de Abraham e Isaac, ni menos ser redimido como un ciudadano de La Nueva Jerusalén celestial, en donde su amor, paz,
    prosperidad y felicidad sin fin perpetua infinitamente en sus hijos legitimo: entonces estaban muertos todos sin Jesucristo. Ciertamente, fue importante para su Hijo amado nacer de la hija de David, bañado en su sangre reparadora no solamente para
    recibir el santo nombre fuego en Israel y sobre el altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espíritu Santo, pero igualmente vivir la vida gloriosa de todos y victoriosa sobre Satanás y la muerte en Israel, perpetuamente.

    Indiscutiblemente, con estas victorias sobre Satanás entonces nuestro Señor Jesucristo podía ascender al monte Sión con el madero del Israel antiguo sobre sus hombros, y que yacían todos ellos en el Valle de los huesos secos, para destruir todo
    pecado del mundo entero en un día, y así Israel vuelva a ser una nación instantáneamente, perpetuamente justificado ante el Padre en el cielo. Dado que, nuestro Señor Jesucristo tenia que ser victorioso para cada hombre, mujer, niño y niña de
    Israel y de las naciones en el Lugar Santísimo, ante nuestro Padre en el cielo, para que él pueda destruir las obras de Satanás y de sus ángeles caídos y de la muerte, para que el Nuevo Reino empiece con amor, gloria y paz interminable.

    Ciertamente, al ser su Hijo Jesucristo clavado al madero del Israel antiguo, que yacía en el Valle de muerte, y con el santo nombre fuego quemando su grasa corporal completamente, entonces él pudo borrar todo pecado del mundo entero: además cumplir
    con toda verdad y justicia para el Espíritu Santo de los mandamientos, sellando así toda salvación para sus hermanos y hermanas. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo Jesucristo que destruya todo pecado, herida y enfermedades de
    Israel y de las familias de las naciones sobre el monte Sión, clavado al madero, que en vida fue la carne del convenio del Israel antiguo, para que él pueda abrir las puertas de su nuevo reino de vida, que jamás conocerá destrucción alguna.

    Éste es un nuevo mundo que nuestro Padre celestial ha preparado para cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las familias de las naciones, y que ellos siempre gozaran con él, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo junto con los ángeles:
    porque éste es un mundo maravilloso y eternamente victorioso sobre Satanás y la muerte hacia la eternidad. Y es como cuando nuestro Padre celestial llamó a Noé, por ejemplo, ha construir un Arca que seria una casa para las especies del reino animal,
    que él había creado al crear el mundo, porque estaba listo para destruir toda carne con un diluvio mundial, y que la humanidad jamás ha visto antes, para empezar toda vida nuevamente sobre la tierra bautizada.

    Noé obedeció a nuestro Padre celestial, construyendo su Arca hacia dentro de la tierra y sobre lo alto de una montaña, que empezó a ser la riza de las naciones, de que cuando vieron lo que Noé había empezado a construir sobre el monte alto,
    entonces solamente podían romper en una riza burlona que no se paro mundialmente hasta que llovió. La gente simplemente falló en ver la razón divina de construir un Arca sobre todo lo alto de la superficie de la tierra y, además, muy lejos del océ
    ano, y que solamente los hacía reír sin control alguno y hasta no poder (reír) más, porque humanamente no podían parar de reír aunque querían hacerlo ante Noé y el Arca increíble que veían.

    La gente pensaba que realmente Noé había perdido su mente al construir un Arca tan inmensa, y que a nadie le despertó el interés de ver en su interior o tratar de entender la razón de crearla sobre una montaña, y lejos del mar, en donde podría
    navegar, y probablemente ir a algún puerto seguro, por el mundo entero. Ciento veinte años pasaron cuando nuestro Padre celestial le dijo a Noé, empieza a recoger a todas las especies de los reinos de los animales por pares de hembras y de machos,
    para que aborden el Arca y así descansen en sus habitaciones, porque estoy listo para abrir las fuentes abundantes de agua del cielo arriba y de la tierra abajo.

    Noé hizo exactamente lo que nuestro Padre celestial le había dicho que hiciese, y esto fue de recibir a los animales, que venían hacia él en pares de machos y de hembras, para llenar el Arca con cada criatura viviente de la tierra y del cielo, y aún
    así el Arca tenia más espacio para que la gente entre, pero nadie vino. Noé se paró a la puerta del Arca listo para cerrarla, llamando a la gente a que entre, pero el diluvio estaba a punto de caer sobre toda la tierra, más la gente seguía
    caminando y riéndose de sus palabras desesperadas: puesto que, simplemente ellos no podían razonar con las palabras que Noé les decía hasta que la puerta se cerró completamente.

    Nuestro Padre celestial tenia que cerrar la puerta del Arca, porque la lluvia comenzó a descender como cualquier lluvia (como las que nosotros siempre hemos visto), pero esto fue algo que la gente jamás había experimentado antes: porque la lluvia
    continuaba, descendiendo sin parar, mientras los ríos se desbordaban y las aguas cubrían la tierra alrededor de ellos, como nunca antes. Sin duda, el Arca era de gran tamaño y su puerta igualmente, que cuando la gente la golpeaba, para que Noé la
    abriera, entonces él ya no los podía oír: porque los animales se movían en su derredor y la lluvia seguía sin cesar por todos lados, que Noé únicamente podía oír a los animales y el agua golpear el Arca incesantemente.

    Esta estructura del Arca fue hecha de madera que salvó al reino animal que nuestro Padre celestial había llamado a vivir en su nuevo mundo, que él mismo había decidido que existirá con Noé y su familia que iba hacia un camino innovador hacia una
    nueva tierra, que él tuvo que llenarla toda de agua, para salvarla de Satanás y del mal. En este día, lo que nuestro Padre celestial realmente hizo fue que bautizó a la humanidad entera con agua para redimirla de todos ellos mismos, porque habían
    vivido sus vidas en oposición hacia él y con un espíritu rebelde, que solamente lo puede destruir en bautismo de agua, para que una nueva humanidad y llena de vida emerja en toda la tierra.

    La gente acostumbrada a ver a Noé y su Arca de madera sobre el monte y lejos del agua, que se burlasen de él siempre y hasta que ya no se podían reír más de él y de su trabajo, entonces todos sucumbieron finalmente hacia la región perdida: porque
    fallaron en creer y en obedecer como el reino animal lo hizo, salvándose perpetuamente. Con el Arca de Noé, nuestro Padre celestial pudo salvar por pares todos los animales del reino animal, para entregarles a todos ellos un nuevo comienzo en la vida
    en un mundo bautizado en agua, pero sin los pecadores que siempre veían de vez en cuando: porque ya habían descendido al infierno tormentoso, para jamás volver a ver la vida.

    Nuestro Padre celestial estaba usando sus mismas tácticas antiguas nuevamente, pero salvando a los que le complacen a él, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo, y esta vez él no usa a Noé, más bien usa a su familia que es su Hijo y el Espíritu
    Santo para empezar una nueva vida humana en la tierra, y esta vez, perpetuamente. Legalmente, nuestro Padre celestial estableció un convenio de vida con Abraham y Sarah su esposa (que era sin hijos), ofreciéndoles un recién nacido, es decir, si se
    sientan con él a la Mesa del SEÑOR a comer de su Hijo Jesucristo, que era Melquisedec, sirviendo el pan y vino como siempre lo hace cada día para los ángeles en el reino celestial.

    Ahora, cuando Abraham y nuestro Padre celestial comieron del pan y vino, servido por su Hijo Jesucristo como el rey de Salem y su Santidad perfecta universalmente, entonces al comer de su comida sobre la Mesa del SEÑOR, seguidamente su Hijo Jesucristo
    podía nacer del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, y llenó del amor prehistórico para salvación mundial. Éste fue el convenio que nuestro Padre celestial estaba buscando establecer en la tierra, para que nuevamente él
    pueda construir su Arca hecha de madera, que salvaría al mundo entero no de un nuevo diluvio mundial, porque él prometió no destruir jamás la tierra con agua, y el arco iris le recuerda su promesa: pero esta vez únicamente por su carne santísima.

    Por eso, es que su Hijo Jesucristo al nacer de vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, entonces él tenia el Arca que necesitaba no solamente para salvar el reino animal del mundo antiguo como ya lo había hecho con Noé, pero esta
    vez a todas las familias de las naciones, como Israel, para que no mueran en pecado. Y éste es un convenio que nuestro Padre celestial empezó con Abraham y el vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, para que su Hijo Jesucristo nazca en la
    familia humana como Isaac: porque sólo él puede tomar los pecados del mundo entero, por los poderes asombrosos de su carne sagrada y de su sangre reparadora: destruyéndolos en el Lugar Santísimo, instantáneamente.

    Ésta fue la destrucción mundial de todo pecado, enfermedad, problemas, conflictos, heridas, pobreza y muerte de cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las familias de las naciones, pero únicamente posible por la carne sagrada y la sangre
    reparadora de vida eterna, que había vivido ya en Israel, destruyendo todo pecado sobre el Lugar Santísimo, del altar del amor eterno. Ya que, ésta es la vida gloriosa que nuestro Padre celestial deseaba ver en cada hombre, mujer, niño y niña de
    Israel y de las naciones: victoriosamente sobre el pecado, enfermedades, heridas, problemas, pobreza y muerte en el Lugar Santísimo, vestidos sus hijos en la carne sagrada y bañados en la sangre reparadora para ser aceptados en la vida eterna,
    perpetuamente justificados.

    Dado que, cada vez que entraba alguno en el Lugar Santísimo, del tabernáculo de reunión, así como los sumos sacerdotes fueron llamados a entrar en él, y esto tenia que ser una vez al año con perfectos rituales de santidad exquisita, ante nuestro
    Padre en el cielo, entonces eran rechazados eventualmente, porque carecían de su santidad perfecta para salvar/resucitar a sus hijos. Ciertamente, aunque los sumos sacerdotes levíticos conducían cada ritual de perfecta santidad para complacer a
    nuestro Padre celestial al entrar ellos, pisando el Lugar Santo de los Santos para ser aceptados, entonces eran rechazados todos ellos perpetuamente: porque carecían de una vida gloriosa que necesitaban haberla vivido ya en Israel, para que puedan
    entrar enriquecidos en La Nueva Jerusalén celestial, eternamente justificados.

    Ciertamente, nuestro Señor Jesucristo tenia que nacer de la hija de David, bañado en su sangre reparadora, para que entonces el santo nombre fuego sea bienvenido en Israel, implantándolo así perpetuamente sobre el altar de amor de Abraham e Isaac,
    pero igualmente para vivir por todo creyente su vida enriquecida y aceptable en Lugar Santísimo, ante nuestro Padre celestial, salvándolos así, perpetuamente. Y porque su Hijo Jesucristo pudo vivir esta vida gloriosa que nuestro Padre celestial
    siempre esperó ver en cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones, para aceptarlos así resucitados/santísimos, y para que se queden todos ellos en el Lugar Santísimo perpetuamente enriquecidos, entonces él pudo decirle a Israel:
    Todo aquel que cree en mi, aunque muera, vivirá.

    Con estas palabras, lo que nuestro Señor Jesucristo le estaba diciendo plenamente a Israel y a las familias de las naciones, fue de que si confiesan su santo nombre fuego, como Yo Soy el Que Soy, creyendo que fue él quien habló con Moisés sobre el
    monte Sinaí, entonces sus pecados les serán perdonados para salvación, ascendiendo al cielo, eternamente justificados. Más precisamente, lo que Jesucristo realmente dijo, fue que, aunque estés muerto en tus pecados como cada hombre, mujer, niño y
    niña del Israel antiguo, yaciendo en el Valle de muerte, entonces al creer en su santo nombre fuego, clavado al madero sobre su cabeza y cuerpo, quemando su grasa corporal y derramando su sangre reparadora, instantáneamente, volverán todos a vivir
    nuevamente, perpetuamente enriquecidos.

    Es decir, que creyendo en su Hijo Jesucristo y en su santo nombre fuego, clavado al madero, que en vida fue la carne del Israel antiguo, entonces por sus victorias maravillosas sobre Satanás y el pecado, instantáneamente entraran al Lugar Santísimo,
    integrados a la carne sagrada, aunque estén muertos, se convertirán en santidad perfecta ante el Padre en el cielo, perpetuamente justificados. Visto que, es la carne sagrada de Jesucristo y su sangre reparadora que hace santo no solamente el Lugar
    Santísimo del tabernáculo en Israel y en el cielo, pero igualmente a cada hombre, mujer, niño y niña aunque esté muerto en su bóveda: porque es él quien los convierte a ellos y a sus hogares instantáneamente en santidad perpetua con salvación
    eterna.

    Ya que, ésta es la salvación que nuestro Padre celestial siempre buscó en cada hombre, mujer, niño y niña que ha nacido de su imagen y de su alma viviente, y que te salva hoy en día, es decir: si crees que su Hijo Jesucristo te puede introducir en
    el Lugar Santísimo, ante Dios en el cielo, y sellado con salvación eterna. Nuestro Padre celestial hizo todo lo mejor con toda la tribu Levita, especialmente con los sumos sacerdotes que entraban en el Lugar Santísimo una vez al año, para ver si de
    alguna manera podían complacer sus estandartes espirituales que salvaría a Israel y a la humanidad entera del peligro del infierno tormentoso, pero jamás encontró a ninguno que lo lograra victoriosamente, perpetuamente.

    Sin embargo, desde que Moisés empezó el tabernáculo con su Lugar Santísimo con cada hombre, mujer, niño y niña que nuestro Padre celestial había escogido para llevar acabo esta gran obra redentora, y para que sea ejecutada con perfecto amor y
    santidad así como ordenó inicialmente a que todo sucediese, entonces él les entregó grandes poderes para hacerlo así todo bien, siempre. Pero, desdichadamente, nuestro Padre celestial se encontró cada vez rechazando a los sumos sacerdotes en el
    Lugar Santísimo, porque todo lo que se tenia que hacer con amor, santidad, perfección y reverencia entonces todos quedaban muy cortos para lograrlo, que no se podían encontrar jamás en su santidad perfecta, para que toda verdad y justicia sea
    complacida universalmente en Israel y en las naciones.

    Los sumos sacerdotes levíticos cuando morían en su presencia santísima del Lugar Santo de los Santos, entonces descendían al Valle de los huesos secos para reunirse con sus hermanos y hermanas, finalmente para comprender, de que todo esfuerzo humano
    para agradarle a él, en su verdad y en su justicia divina, era totalmente imposible, que les daba un sentido de perdición total. Sin embargo, el sumo sacerdote (y no levítico) que finalmente entraría en el Lugar Santísimo, satisfaciendo toda verdad
    y justicia divina perpetuamente, seria su Hijo Jesucristo, nacido del vientre virgen de la hija de David, bañado en su misma sangre, para vivir una vida agradable ante el Padre en cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones,
    perpetuamente.

    Dado que, éste seria el cuerpo de la carne sagrada y de su sangre reparadora no solamente vistiendo a su Hijo Jesucristo, nacido y bañado en su sangre reparadora, trayendo así el santo nombre fuego sobre el altar del amor eterno en Israel, pero
    igualmente con toda familia de Israel y de las naciones a su presencia santísima, eternamente justificados: salvándolos eternamente. Por eso, es que después de que cada sumo sacerdote levítico falló de complacer a nuestro Padre celestial en toda
    verdad y justicia en el Lugar Santísimo, entonces él jamás permitió que Moisés entre a Canaán, pero únicamente su tabernáculo de reunión: porque ahora Dios quería a su único Hijo que entre en su presencia santísima, para salvación de sus
    hijos: ¡resucitándolos!

    Todos los sacerdotes levíticos caídos, descansaban bajo la arena del desierto, en donde el Valle de los huesos secos tenia a todo Israel antiguo cautivado, y sólo hasta que alguno de Israel finalmente cumpla con toda verdad y justicia ante el Padre
    celestial en el Lugar Santísimo, para ponerle fin a todo pecado, conquistando así la resurrección de Israel hacia la eternidad. Por ello, el tabernáculo fue llevado a Canaán, pero para no ser usado jamás por los sacerdotes levíticos como en el
    desierto, porque siempre fallaban en complacerlo a él en toda su demanda por perfecta verdad y justicia divina, para purificar a todo Israel y a las familias de las naciones con su gracia y misericordias interminables: salvando así al creyente, siempre.


    Puesto que, nuestro Padre celestial estaba reservando el Lugar Santísimo para ser ocupado no solamente por su Hijo Jesucristo victorioso sobre Satanás y la muerte, para destruir todo pecado del mundo entero en un solo día, por los poderes asombrosos
    de su cuerpo glorificado y sangre derramada, para resucitar a sus Hijos legítimos a vida eterna, sino por todas las naciones igualmente. Ya que, únicamente su Hijo Jesucristo podía realmente (y nadie más de todo Israel) finalmente entrar en el Lugar
    Santísimo del tabernáculo de reunión en Israel y en el cielo, divinamente clavado a la carne del convenio del Israel antiguo y con todos los pecados del mundo, para destruirlos instantáneamente con su sangre reparadora, salpicada sobre el altar de
    amor eterno.


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