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    From ivanvalarezo@gmail.com@21:1/5 to All on Fri Jan 31 17:12:23 2020
    Sábado, 01 de Febrero, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo



    Dulce Hogar del PADRE desciende, cuando sus hijos (tú, bautizado en agua) coman leche y miel pronto:


    Intranquilo, el Rey David llamó a Natán el profeta para dejarle saber que él estaba viviendo en una casa hermosa y gloriosa, agradándole a todos, hecha de cedro, pero nuestro Padre celestial estaba viviendo en una tienda, que tenía que ser desarmada
    y luego armada, cuando tenían que ir de lugar en lugar, y en su corazón tenía levantar una casa para Él. Además, David no solamente él estaba viviendo en un palacio hermoso, hecho del mejor material de aquellos días, como el cedro, aún más, los
    líderes israelíes también tenían sus casas hermosas, pero nuestro Padre celestial no tenía la suya para vivir entre sus hijos, por ello, David estaba dispuesto a crearle una a Él más hermosa que la de todos sus contemporáneos.


    Ciertamente: Esta casa seria fabricada con los mejores materiales de aquellos días, como el oro, la plata, el bronce y muchas piedras preciosas, además de la mejor madera, como la acacia y otros, por ejemplo, por ende, él tenía que ahora encontrar a
    toda la gente que pondrían sus manos a la obra, fabricándola entre sus hijos en Israel. A tiempo, el profeta Natán le aviso a David, que nuestro Padre celestial estaba con él, y que Él lo ayudaría, porque lo que estaba en su corazón para
    fabricarle su casa, como el Dios de Israel, era un pensamiento muy santo, y que él debería seguir adelante con sus planes sin reservación alguna o impedimentos, lográndolo todo pronto.


    Prudentemente, Natán el profeta le aviso a David, que todo el pueblo de Israel estaría de acuerdo con él para levantar el Templo o palacio para nuestro Padre celestial entre ellos, sus hijos, porque ellos siempre querían amar, servir y alabarlo a Él
    y a su santo nombre fuego en medio de Israel para siempre. Además, Natán pensó, que era una gran idea, que David tuviese en su corazón de crear una casa para nuestro Padre celestial, en donde Él tendría un encuentro personal con cada uno de ellos
    no solamente con él, como Rey de Israel, pero igualmente, las familias necesitaban tener una relación más personal cada día con Él y con su santo nombre fuego.


    Y aquí es, cuando nuestro Padre celestial le dijo a Natán en aquella noche: Tú, ve a decirle a David: ¿Qué, tú serás el que me edifique a mi casa en medio de mis hijos de la casa de Israel—tú que ha derramado tanta sangre en todas tus batallas
    que tú has tenido en contra de mis enemigos de siempre? Ciertamente no: Tú no edificaras mi casa entre mis hijos en Israel, pero tu hijo lo hará, y este es, su Hijo Jesucristo, Yeshua, porque él será mi Hijo, haciendo mi perfecta voluntad, así como
    siempre ha sido en mi corazón en la gloria celestial para con las huestes angelicales, y en la tierra él la establecerá al fin perpetuamente entre las naciones.


    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial decidió, intentarlo con Salomón, primeramente, naciendo como rey de Israel igualmente, después que su padre David había fallecido, y así, su hijo fabrique su casa entre todo Israel, porque él no ha derramado
    sangre como su padre, para que su santo nombre fuego viva en Israel al fin eternamente. Entonces, cuando David finalmente falleció, él ya había nombrado a su hijo Salomón rey de Israel, reemplazándolo a él, porque nuestro Padre celestial lo había
    escogido para que le fabrique a Él su casa para su santo nombre fuegos esté en Israel, y así, sus hijos puedan acercarse a Él con perfecta santidad: amándole, sirviéndole y adorándole a Él por una vida entera.


    Realmente, el material que David había recogido durante sus días de naciones enemigas, que él había derrotado en sus batallas, emergiendo victorioso sobre ellos siempre, porque nuestro Padre celestial estuvo con él, entonces, él recogió grandes
    riquezas para usarlas en la construcción del Gran Templo, que se necesitaba en Israel para Él vivir con sus hijos amado grandemente por una eternidad entera. Entonces, el rey Salomón empezó a usar todas esas riquezas de oro, plata, piedras preciosas
    y otros materiales importantes, como madera para empezar la fundación del Templo en Israel, que las familias de Israel deseaban tener para empezar a amar, servir y adorar a nuestro Padre celestial, como jamás Él había sido amado, servido y adorado
    antes por ellos.


    Ciertamente, Salomón trabajó hacia la construcción del Gran Templo para nuestro Padre celestial, para que Él tenga un hogar entre sus hijos en Israel, y así, su santo nombre fuego pueda ser amado, servido y adorado por ellos en todo Israel y entre
    las familias de las naciones igualmente, porque Él necesitaba tocarlas con la salvación eterna de su altar eterno por toda la tierra. Verdaderamente, Salomón usó los materiales que él había heredado de su padre David, pero igualmente, él pudo
    obtener la mejor ayuda posible y de la mejor madera de una nación amiga a Israel, y así, él pudo construir el Gran Templo para nuestro Padre celestial con la mejor tecnología posible en aquellos días, impresionando así finalmente al mundo entero
    con él y sus bendiciones milagrosas.


    A tiempo, cuando Salomón terminó en construir la casa de nuestro Padre celestial en Israel, que su padre David había siempre soñado construírselo a Él y su santo nombre fuegos, y así, sus hijos puedan tener una relación muy íntima con Él y su
    santo nombre fuegos sobre su altar, entonces, el Señor se le apareció a él en sus sueños. En verdad, nuestro Padre celestial había sido impresionado con el Templo que Salomón y su gente habían construido para Él, y para gloria de su santo nombre
    fuegos, viviendo siempre entre sus hijos en todo Israel, y así, Él tenga siempre esa relación íntima y constante, que él necesitaba tener con todos ellos, conquistando así todas las familias de las naciones al fin.


    En su sueño, que Salomón tuvo con nuestro Padre celestial, entonces, a él se le pregunto, qué era lo que él deseaba que Dios hiciese por él, y su respuesta fue, que él necesitaba tener sabiduría para reinar sobre su pueblo, porque ellos eran
    muchos para gobernarlos y, además, él se sentía muy joven para hacerlo todo por sí solo. Misericordioso, nuestro Padre celestial le contestó a Salomón, entregándole sabiduría para reinar sobre su pueblo, que era imposible gobernarlos con la
    sabiduría normal del hombre, pero igualmente, poder, gloria y grandes riquezas le entregó a él, además de sabiduría, y así, él reine sobre sus hijos con sabiduría desde el cielo arriba: amando, sirviendo y adorando su santo nombre fuegos toda su
    vida.


    Realmente, nuestro Padre celestial le entregó a Salomón todo lo que le pidió, y fue sabiduría para reinar a toda una gran nación dispuesta a amar, servir y adorarlo a Él y su santo nombre fuegos en su Templo: Tocando familias de las naciones con su
    amor infalible, derramándose desde la gloria celestial, y hasta salvarlos a todos ellos por toda la tierra eventualmente. Ahora, nuestro Padre celestial tenía que responderle a la oración de Salomón, concediéndole no solamente sabiduría para reinar
    sobre Israel, pero igual, entregarle a él todo lo que iba a necesitar en todo su reinado en Israel, y así, él lleve a sus hijos a su Altar para amar, servir y adorar su santo nombre fuego, salvando la tierra entera de su pecado postreramente.


    En otras palabras, nuestro Padre celestial le concedió a Salomón: sabiduría, riquezas, glorias y poderes, que Él le proveería a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo postreramente, naciendo de sangre de David, y así, él no solamente lleve a
    sus hijos a amar, a servir y a adorar su santo nombre fuegos, tornándolos a ellos en su Templo eterno en Canaán postreramente. Ya que, nuestro Padre celestial no estaba buscando por una casa en la tierra, como en Canaán, por ejemplo, hecho de oro, de
    plata, de piedras preciosas y de otros materiales, como madera: más bien, Él buscaba un hogar hecho de la carne sagrada, de los huesos inquebrantables y de la sangre expiatoria de Isaac, quitando el pecado del mundo en un día eternamente.


    Verdaderamente, nuestro Padre celestial había llamado a Abraham a recibir la roca de salvación para que él sacrifique tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar, salpicadas con sangre expiatoria, porque él
    necesitaba saber de sus hijos prometidos a él inicialmente, incontables como las estrellas del cielo arriba, llenando la tierra con glorias siempre. Ciertamente, con estos tres sacrificios de Abraham, ejecutados para nuestro Padre celestial, fue para
    derramar la sangre expiatoria no solamente de su hijo Isaac, provisto a él milagrosamente, por el Espíritu Santo, del vientre estéril de Sarah, pero igualmente, para expiar, juzgar y perdonar pecados de las naciones, y así, sus hijos nazcan sin
    relación al pecado, empezando con Isaac.


    Por lo tanto, al comer nuestro Padre celestial de la Mesa santa con Abraham y sus hijos adoptados, comprados por dinero de extranjeros, el pan y vino, servido por su Hijo Jesucristo, como Melquisedec, rey de Salem (Israel moderno) para ángeles de la
    gloria celestial, entonces, Él lo hizo así para que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac, pero sin relación al pecado. Es decir, que nuestro Padre celestial tuvo a Abraham sacrificando tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos
    palominos sin cortar sobre la roca de salvación, salpicados con sangre expiatoria: Y fue para que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac, pero expiando, juzgando y cubriendo ya con sangre expiatoria todos los pecados del mundo entero.


    Entendiendo que, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, pero con Abraham que ya había sacrificado tres carneros y con sus mitades opuestas una a otra junto con dos palominos sin
    cortar sobre su roca, salpicada con sangre, y así, su Hijo Jesucristo fue Isaac, y con todo pecado ya cubiertos por Él mismo. Legalmente, nuestro Padre celestial también necesitaba a sus hijos, como la casa de Israel ya en el Valle de los huesos secos,
    recogiendo toda nación con poderes del Juramento a Isaac, en su semilla santa, y así, Isaac finalmente salpique su sangre expiatoria desde Canaán, como el Cordero de Dios, Yeshua, Jesucristo, haciendo que ellos renazcan con su vida eterna, pero sin
    pecado alguno.


    Considerando que, su Hijo Jesucristo seria clavado al madero de Israel antiguo sobre el monte Sion, victorioso sobre Satanás, el pecado, la muerte y el infierno del corazón del mundo, pero con dos testigos a ambos lados de su altar, asimilando los tres
    sacrificios de Abraham sobre la roca, finalmente derramando su sangre expiatoria sobre él desde arriba Canaán, como su dulce hogar: amandolos. Ciertamente, estos tres carneros sacrificados sobre la roca de salvación, salpicadas con sangre expiatoria,
    junto con dos palominos sin cortar, fue no solamente su Hijo Jesucristo para que sea Isaac y sin relación al pecado, pero igualmente, sus hijos confinados en el cautiverio egipcio por cuatrocientos años, recogiendo pecados del mundo entero, abandoná
    ndolos eternamente en el bautismo en agua del Mar Rojo.


    Realmente, nuestro Padre celestial tenía en su mente santa y en su corazón santísimo construir su dulce hogar en Canaán, pero únicamente con sus hijos renacidos con la carne sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria de su Hijo
    Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, y así, Él vivir amado por ellos con perfecta santidad infinita. Absolutamente, nuestro Padre celestial tenía que haber tenido ya a Abraham sacrificando sus tres
    carneros con sus mitades opuestas una a otra sobre su roca, para que su Hijo Jesucristo sea Isaac, y luego, derramar sobre él su perfecta voluntad, dándole vida a sus hijos en el cautiverio egipcio, pero igualmente, derramar su Juramento sobre Isaac,
    llenando la tierra con su vida eterna eventualmente.


    Además, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos nacidos en el cautiverio egipcio con su Juramento a Isaac, en donde ellos habían recogido cada pecado que las familias de las naciones habían cometido (y cometerán en generaciones futuras) en
    contra de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y así, Él entregarles su santo nombre fuegos para escapar Egipto finalmente. Por ello, nuestro Padre celestial por los sacrificios de Abraham sobre la roca de salvación junto con dos aves sin
    cortar, salpicados con sangre expiatoria, fue también finalmente para entregarle su santo nombre fuegos a Moisés sobre el Monte Sion, descansando sobre el Sinaí, para que Israel escape Egipto, bautizado del Mar Rojo: Ya que, únicamente Israel es su
    dulce hogar en Canaán, perpetuamente.


    Visto que, nuestro Padre celestial había liberado a Israel del cautiverio egipcio, y con la carne sagrada junto con el Juramento a Isaac, recogieron pecados de las naciones del pasado y del futuro, entonces, ellos finalmente los abandonaron, bautizados
    en agua: y esto es todo pecado junto con la carne pecadora y el espíritu de error por la carne sagrada y el Espíritu Santo. Por ende, nuestro Padre celestial tuvo a todo Israel antiguo vistiendo la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, como la carne
    sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria de Isaac, y así, ellos sean sus sumos sacerdotes, que Él necesitaba para expiar, juzgar y perdonar cada pecado que envía a sus hijos al infierno, haciendo que regresen a vivir nuevamente
    pronto en Canaán.


    Por ende, nuestro Padre celestial tuvo a todo Israel antiguo, operando ante Él con poderes del Juramento a Isaac, como su perfecta voluntad y como su naturaleza divina por el desierto del Sinaí: expiando, juzgando y perdonando cada pecado del mundo con
    el tabernáculo y su Lugar Santísimo, y así, Él preparó a sus hijos para que sean su dulce hogar en Canaán eventualmente. Por consiguiente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a toda la casa de Israel buscando agua para beber, porque
    ellos estaban sedientos después de haber caminado por tres días sin probarla, pero, encontraron abundantemente aguas amargas de Mara, que necesitaban ser endulzadas por ellos mismos, como el árbol dulce del monte santo de Jerusalén, en Canaán, para
    siempre.


    Estas son las amargas aguas de Mara, en que todas las familias de las naciones fallaron en usarlas en bautismos de agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, que los ángeles siempre habían sido enviados con él a ellas, para que renazcan en sus
    vidas nuevamente, abandonando así cada pecado para caminar con nuestro Padre celestial en Canaán con perfecta salvación siempre. Estas aguas amargas fueron endulzadas por el árbol que nuestro Padre celestial le había presentado a Abraham
    inicialmente, y así, él conduzca tres sacrificios con sus mitades opuestas una a otra, para Él mismo caminar entre sus partes: expiando, juzgando y perdonando cada pecado de las familias de las naciones, para que sus hijos nazcan en la tierra,
    empezando con Isaac.


    Este es el árbol que nuestro Padre celestial se lo presento a Abraham inicialmente, mientras sentado estaba afuera de su tienda, para que él lo reciba no solamente a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac, pero igualmente, a sus hijos viviendo en
    generaciones futuras, para que todos ellos sean su dulce hogar, endulzados por leche y miel de Canaán toda una eternidad entera. Entonces, nuestro Padre celestial después de haber endulzado las aguas amargas de Mara, por su árbol, que es su Hijo
    Jesucristo como Isaac, pero igual, los hijos de la casa de Israel y las naciones, recogidas del infierno tormentoso en una sola carne sagrada, una semilla bendita, plantada en tierra santa por la diestra del Padre—entonces ahora necesitaban beber de su
    roca.


    Tempranamente, nuestro Padre celestial le dijo a Moisés, camina conmigo hacia la roca con los tres carneros sacrificados por Abraham, y así, todo Israel sacie su sed, pero igualmente, las naciones en el infierno tormentoso, porque ellos se tornarían
    en una sola carne, una semilla bendita, plantada sobre el monte Sion con su santo nombre fuegos, clavado a ellos con salvación eterna. Puesto que, esta es la salvación que nuestro Padre celestial había planeado no solamente para la casa de Israel,
    tornándose en huesos en el Valle de los huesos secos, pero igualmente, las familias de las naciones, incluyendo sus hijos de generaciones futuras y con su santo nombre fuego, clavado a ellos perpetuamente, para que: invocándolo, entonces se salvaran
    instantáneamente en toda la tierra.


    Por eso, nuestro Padre celestial tuvo que decirles a los profetas en toda la vida de Israel y hasta nuestros días, que todo aquel que invoque su santo nombre fuegos en los últimos días será salvo del poder del pecado, que los pueden enviar al
    infierno tormentoso, eternamente condenados, y así, ellos sean redimidos instantáneamente en Canaán, por toda la tierra. Por ende, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Israel antiguo junto con sus manadas, que traían con ellos del
    cautiverio egipcio, como víctimas que sacrificarían diariamente sobre el altar, bebiendo del agua viva de la roca de salvación, saciando toda su sed para siempre, pero también, para bautizar a sus hijos por el desierto del Sinaí antes de entrar a
    Canaán.


    Verdaderamente, toda la casa de Israel necesitaba caminar hacia la tierra prometida, que es el dulce hogar de nuestro Padre celestial, en donde sus hijos nacen, removiendo cada carne pecadora: amando, sirviendo y adorando a Satanás y a sus demonios,
    para que Él finalmente descienda a vivir en su tierra escogida, Canaán, infinitamente amado por las familias de las naciones del mundo entero. Como resultado, después que nuestro Padre celestial hizo que todo Israel beba de su roca de salvación,
    entonces, cada hombre, mujer, niño y niña, trabajaba con Él junto con Moisés en el tabernáculo de reunión y su Lugar Santísimo, porque mientras los sacerdotes Levitas ejecutaban rituales y ceremonias de perfecta santidad, entonces, las doce tribus
    los rodeaban a ellos, ministrando con su carne sagrada.


    Es decir, que nuestro Padre celestial junto con Moisés y los levitas que conducían rituales y ceremonias de perfecta santidad del Juramento a Isaac cada día, entonces, tres tribus de las doce (tribus) tenían que estar en cada lado del tabernáculo de
    reunión y su Lugar Santísimo, y así, cada pecado sea cubierto apropiadamente con sangres expiatorias de corderos sacrificados. Visto que, cada tres tribus de las doce (tribus) en cada lado del tabernáculo de reunión proveían bendiciones del
    Juramento a Isaac, porque ellos nacen con estos poderes: amando, sirviendo y adorando a nuestro Padre celestial y a su santo nombre fuego en el Lugar Santísimo, y así, Él mismo quite el pecado del mundo, estableciendo finalmente su dulce hogar, en
    Canaán, para siempre.


    Dado que, por el Juramento a Isaac, en que cada israelí nace en el mundo, entonces, todos ellos vienen con la vida eterna del Padre celestial, establecida en la carne sagrada que nació inicialmente del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo,
    junto con los Diez Mandamientos vírgenes de Israel y Moisés, expandiéndolos, transmitiéndolos, en la tierra, bautizados ya en agua únicamente. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba inicialmente expandir la gloria de sus mandamientos ví
    rgenes de Israel y Moisés no solamente por todo Canaán e Israel, pero igualmente, las familias de las naciones, porque haciéndolo así, entonces, Él derramaría desde su gloria angelical cada bendición cotidiana junto con su Espíritu Santo,
    descendiendo copiosamente para conquistar al mundo entero con salvación perfecta al fin.


    Por cuanto, nuestro Padre celestial ha determinado ya llenar cada familia de las naciones con su Espíritu Santo descendiendo constantemente sobre toda carne, porque siempre sintió su corazón santísimo de llenar a cada hombre, mujer, niño y niña con
    su misma vida eterna, otorgándoles así bendiciones, prosperidad y riquezas jamás vistas, pero únicamente con aquellos bautizados en agua, invocando santidad perfecta de su nombre. Considerando que, al nuestro Padre celestial hacer que su Espíritu
    Santo se derrame sobre toda carne en todas las familias de las naciones, entonces, es porque Él necesita convertir a cada hombre, mujer, niño y niña en su perfecta santidad al renacer del bautismo en agua, invocando su santo nombre fuego únicamente,
    y así, ellos sean bienvenidos en su nueva tierra instantáneamente, como ahora mismo.


    En otras palabras, nuestro Padre celestial necesita a su Espíritu Santo derramándose sobre cada hombre, mujer, niño y niña de las familias de las naciones, sin importar jamás de sus preferencias o creencias religiosas, porque Él ya quitó cada
    pecado, cometido en contra de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y así, Él descender a vivir en la tierra para siempre. Por eso, es que el descender del Espíritu Santo es importante sobre cada hombre, mujer, niño y niña, porque así es
    como nuestro Padre celestial atrae a cada uno de las familias de todas las naciones de la tierra hacia Él y hacia su Hijo Jesucristo, y finalmente, ellos renazcan para entrar a Canaán, eternamente justificados por poderes del Juramento a Isaac.


    Ya que, nuestro Padre celestial necesita ver no solamente a sus hijos nacidos de la casa de Israel por todas las naciones del mundo, pero igualmente, Él necesita atraer a los hijos de las familias de las naciones hacia Canaán, sólo cuando son
    bautizados ellos en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, clavado ya al árbol del monte santo de Jerusalén. Visto que, cuando nuestro Padre celestial entregó a su Hijo Jesucristo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu
    Santo, entonces, Él lo hizo así para tener a Abraham junto con sus hijos viviendo en generaciones futuras con su único hijo Isaac, y así, Él poder declararlos santos, así como lo hizo inicialmente con él (Abraham) sobre su monte Sion, en el Moriah.



    Visto que, Abraham vivió unos años con Isaac en su hogar, gozando las bendiciones de vivir la vida eterna de nuestro Padre celestial junto con las abundancias de su amor infalible, gozos, alegrías y otras bendiciones importantes, como el reposo
    sabatino y paz, entonces, por la carne sagrada de Isaac él (Abraham) fue declarado santo hacia la eternidad sobre el monte Sion, en el Moriah. Entendiendo que, todo lo que el altar de nuestro Padre celestial de amor eterno por su Hijo Jesucristo, su Esp
    ritu Santo y sus hijos en Adán y Eva, que va tocando con el bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su santo nombre fuegos, clavado al madero, la cruz, entonces, es infinitamente santísimo (como tú y yo), empezando en Canaán, su dulce
    hogar.


    Si se dijera la verdad: nuestro Padre celestial jamás hubiera llamado a Abraham al monte Sion, descansando en el Moriah, si él primeramente hubiese fallado en haber tenido una relación cercana con su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre esté
    ril de Sarah, por el Espíritu Santo, porque Él hubiese fallado en declararlo santo y perfecto, así como Él es conocido en el cielo eternamente. Por eso, es que nuestro Padre celestial ha tenido que llamar a cada hombre, mujer, niño y niña de todas
    las familias de las naciones a renacer del bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, clavado ya al madero del monte Sion, en Canaán, para Él mismo declararlos infinitamente santísimos para
    la eternidad venidera.


    Considerando que, es el Hijo de nuestro Padre celestial, Jesucristo, nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, llevando en su carne sagrada y sangre expiatoria su misma vida eterna, llena de su perfecta santidad, declarando
    ya a creyentes (como tú y yo) perfectamente santísimos, y así, todos entran a su nueva tierra, en donde el pecado jamás existió. Ciertamente, al nuestro Padre celestial derramar de su Espíritu Santo desde el cielo sobre toda carne, entonces, Él lo
    está haciendo así hoy, para que cada hombre, mujer, niño y niña: llenen la bañera, tina, de sus hogares, sumergiéndose en ella, invocando la perfecta santidad de su nombre, clavado al madero del monte Sion, seguidamente, emergen, caminando en Canaá
    n con el Padre celestial, eternamente justificados.


    Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente a Abraham renacido de su altar del amor eterno por sus hijos de Israel, pero igualmente, de las naciones: conociendo, amando, viviendo y gozando de Isaac, para declararlos legítimamente perfectos y
    santos por su árbol del monte Sion, y así, ellos vivan nuevamente con Él, pero caminando en Canaán diariamente y hasta ver su reino venir. Entendiendo que, este es el proceso que nuestro Padre celestial no solamente empezó con su familia divina para
    vivir con la familia de Abraham junto con otras, caminando paso a paso hacia Él, a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo y hasta descender y establecer la nación israelí en la tierra, pero igualmente, establecer su dulce hogar, en Canaán, ú
    ltimamente.



    Considerando que, cada hombre, mujer, niño y niña de la casa de Israel, que se bautiza en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, como el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo, entonces, ellos ascenderán al monte Sion, en
    Canaán, para ser declarados santísimos y perfectos por nuestro Padre celestial, en su dulce hogar, para la eternidad venidera. Realmente, para ser perfectos y santos, como nuestro Padre celestial siempre lo ha sido por la eternidad en su familia divina,
    que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo en la gloria angelical, entonces ellos serán en Canaán siempre: paredes, ventanas y puertas de su dulce hogar, y así, Él descienda a vivir eternamente amado por ellos con perfecta santidad eternal.


    Ahora, únicamente la casa de Israel será: paredes, cuartos, ventanas, pilares y puertas de su dulce hogar, en Canaán, porque ellos nacieron con su vida eterna, sus mandamientos vírgenes de Israel y Moisés, por poderes del Juramento a Isaac, por ende,
    por el bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre—ellos son su dulce hogar instantáneamente en toda la tierra. Realmente: Así es como nuestro Padre celestial necesita a cada hombre, mujer, niño y niña de la casa de Israel:
    amando, sirviendo y alabándolo a Él junto con su santo nombre fuego, que ellos invocaran, cuando ellos se sumerjan en el bautismo en agua, seguidamente, emerjan de él, caminando en riquezas cotidianas de glorias y de honores de Canaán, para siempre.


    Confidentemente, nuestro Padre celestial no solamente recibirá a sus hijos de la casa de Israel, pero igualmente, de las familias de las naciones, bautizados en agua, invocando la perfecta santidad de su santo nombre fuego para vivir sus vidas
    cotidianas, mientras ellos aun vivan sus vidas en sus naciones de origen, y así, Él bendecirlos, como su dulce hogar siempre en toda la tierra. Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesita vivir con cada alma viviente de cada hombre, mujer, niño
    y niña en Canaán primero, pero bautizados en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo para cambiar la carne pecadora y el espíritu de error por la carne sagrada y el Espíritu Santo, en donde no existi
    jamás el pecado.


    Dado que, esta es la única manera posible, en que nuestro Padre celestial va a conocer a cada hijo suyo en las riquezas de Canaán, que jamás han sido tocadas por el pecado, y así, ellos aprendan a vivir en sus glorias cotidianas, así como las
    huestes angelicales están acostumbras a vivir con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo siempre. Considerando que, esta es la única manera posible, en que nuestro Padre celestial tendrá una relación personal con cada hijo suyo de Israel y de
    las naciones y así también su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo junto con las huestes angelicales, porque ellos necesitan conocerlos a todos ellos (tú) en Canaán primeramente antes que entren eternamente justificados en la gloria celestial.


    Verdaderamente, cuando cada hijo suyo es bautizado en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, como el Dios de Abraham, el Dios de Israel y el Dios de Jacobo, entonces, tú oraras, alabaras y lo exaltaras a Él y su santo nombre fuegos sobre el
    monte Sion, porque Él espera que tú asciendas en cualquier día a Canaán, su dulce hogar, como ahora mismo. Aquí es cuando, el Espíritu Santo de nuestro Padre celestial te levantará para que estés cara a cara con su roca de salvación, pues esperá
    ndote estará, para entregarte: océanos de su amor infalible, océanos de gozos, océanos de su alegría angelical y otras bendiciones, como el reposo Sabatino y paz, hablándote finalmente a ti Él mismo, de bendiciones que tú necesitas conocer para
    tu vida.


    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial te dirá en persona todo lo que tú necesitas conocer, para que tú desciendas al mundo, haciendo su voluntad perfecta, porque tú naciste de su imagen para vivir conforme a semejanza de su Hijo Jesucristo, lleno
    de la vida eterna de su Espíritu Santo y poderes, alcanzando así glorias y honoras para su santo nombre fuego, siempre. Esto significa, que nuestro Padre celestial podrá fluir en ti con todo su ser santísimo, como el Dios Todopoderoso, que las
    huestes angelicales han conocido por una eternidad entera, y así, las naciones que lo aman a Él siempre, como Israel, por ejemplo, para que Él ejecute su perfecta voluntad con sus hijos, redimiéndolos instantáneamente con su bautismo en agua en toda
    la tierra.


    Ciertamente, es por medio de ti, que nuestro Padre celestial fluye con poderes de su Juramento a Isaac, como su corazón santísimo, su mente santísima, sus fuerzas santísimas, su Espíritu Santo y sus glorias y poderes divinos: tocando las almas
    perdidas de las naciones, salvándolas, bautizadas en agua, aceptándolos así instantáneamente en Canaán, en donde están libres del infierno tormentoso para siempre. Porque, nuevamente, tú tienes que ser conocido por nuestro Padre celestial, su Hijo
    Jesucristo, su Espíritu Santo y los ángeles en Canaán antes de ascender al cielo, eternamente enriquecido, como el paraíso, La Nueva Jerusalén del cielo arriba y otros lugares celestes: y esto es únicamente posible bautizado en agua, invocando la
    perfecta santidad de su nombre, honrado eternamente sobre el monte Sion.



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