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    From ivanvalarezo@gmail.com@21:1/5 to All on Sat Jun 25 15:20:42 2016
    Sábado, 25 de Junio, 2016 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (Feliz Día del Padre a todas nuestras familias ecuatorianas y de nuestras familias americanas por el mundo entero. Que nuestro Padre celestial los bendiga en su amor eterno, y que su Hijo Jesucristo los llene diariamente de su gracia y misericordias
    infinitas, para que el Espíritu Santo los favorezca en lo que emprendan para sus hijos e hijas: porque nuestras bendiciones vienen a nosotros sin cesar de nuestro Creador, si nos bautizamos en agua, y en su nombre todopoderoso. Feliz Día del Padre—y
    con nuestras miradas hacia nuestro Padre celestial que está en el cielo, y sólo nos oye por medio de su Hijo Jesucristo, porque su carne y su sangre reparadora claman por cada uno de nosotros, para que su Espíritu Santo junto con sus ángeles nos
    traigan nuestras bendiciones que hemos pedido con nuestras abundantes oraciones fieles. ¡Amén!)


    EN BAUTISMO CAMINARÁS BENDECIDO EN LA CARNE DEL PACTO, PARA SIEMPRE:

    Nuestro Padre celestial le dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Diles a los israelitas que marchen. Y tú, alza tu vara sobre el mar para dividir sus aguas y así todo el pueblo pueda pasar hacia el otro lado, en seco, bautizándolos así en el
    nombre del Padre, en el nombre del Hijo el Rebbe Yeshua jaMashiax (Jesucristo), y en le nombre del Espíritu Santo (y sus poderes de resurrección y de los dones de cada día).

    Éste es el bautismo de agua que nuestro Padre celestial necesitaba que los israelitas pasasen por el lecho marino, abandonando así la carne pecadora y la sangre enferma en la que habían nacido de sus madres, abandonándolo todo por los poderes
    asombrosos de su nombre santísimo, y al instante emergiendo del agua en la carne sagrada que salva del pecado, para siempre. Éste fue un bautismo muy importante que los israelitas tenían que pasar por el lecho marino, en la santidad de su nombre
    bendito y el de su Hijo y del Espíritu Santo, para que cada hombre, mujer, niño y niña sea liberado de la carne pecadora y pecados, llevándolos a todos hacia una tumba temprana, descendiendo hacia el infierno tormentoso, perpetuamente maldecidos.

    Éste bautismo del lecho marino fue importante para nuestro Padre celestial y para Israel también, que es la manifestación de su Hijo Jesucristo como la carne sagrada en Isaac, cuando cada israelita es nacido del pacto de ésta carne sagrada que
    Abraham ofreció, como el sacrificio del amor prehistórico sobre el monte santo de Jerusalén, para que sea la nación divina, perpetuamente. Ya que, ésta será la nación que no solamente nacerá de la carne sagrada de Isaac, cuando él nació del
    vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, introduciendo así en el mundo entero el amor prehistórico de la familia divina de nuestro Padre celestial, que es su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo, pero también el bautismo para bendecir
    poderosamente a Israel.

    Esto nos dice, que nuestro Padre celestial no solamente quería a cada hebreo nacido directamente de la carne sagrada y de la sangre reparadora, quitando el pecado, pero también él los quería bautizados en el Mar Rojo en su nombre, en el de su Hijo y
    del Espíritu Santo, para que emerjan del bautismo en la carne sagrada para servirle, finalmente. Además, éste fue un bautismo en el mar que únicamente Moisés podía llevarlo acabo, porque nuestro Padre celestial le había declarado que él es el
    Dios de Abraham, su Hijo Jesucristo declaró que es el Dios de Isaac, y el Espíritu Santo declaró que él es el Dios de Jacobo—el único nombre santo para el bautismo en agua de Israel.

    Así pues, Moisés tenia el nombre santo de nuestro Padre celestial que empezaría la liberación de Israel de Egipto, rompiendo cadenas y grilletes que los tenían en eterna cautividad, además les impedían ser bautizados en agua, para por fin servirle
    en el pacto de la carne sagrada que Dios mismo le había dado a Abraham, cuando Isaac nació milagrosamente. Además, éste era el único nombre santo que finalmente los liberaría de la carne pecadora, heredada de Adán y Eva, cuando nacieron del
    vientre de sus madres, para que eventualmente renazcan por los poderes de santidades del nombre bendito, desnudándolos así del pecado para siempre en el lecho marino, para levantarse hacia el pacto de la carne sagrada, bendecidos perpetuamente.

    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba a Israel sumergido en el lecho marino y bautizados en su nombre bendito y el de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, porque con la santidad de su nombre, entonces él los estaba bautizando en la
    santidad perfecta que él mismo había requerido de Abraham poseer, para que renazca como su siervo celestial, para siempre. Y esto fue algo que tomó lugar sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, en donde nuestro Padre celestial
    junto con su Hijo y el Espíritu Santo esperaban por él, para que renazca bautizado con él y en el amor prehistórico, para que él sea su hijo legitimo, como el padre de Israel y de muchas naciones.

    Visto que, nuestro Padre celestial le había prometido a Abraham que él seria el padre de una gran nación, nacido de Isaac, como el pacto de la carne sagrada que lo salvaría por su divinidad, para que sea reconocido como el padre de muchas naciones,
    también, porque en la carne sagrada de su hijo todas las familias serán bautizadas y redimidas, perpetuamente. Así que, Abraham, por su hijo Isaac, de quien no solamente recibió amor y bendiciones de nuestro Padre celestial, de su Hijo y del Espí
    ritu Santo, pero también la carne sagrada, haciéndolo así el padre legitimo de muchas naciones, amando toda verdad y justicia, perpetuamente, ya que por la carne sagrada del pacto él viene a ser el padre reconocido de muchos.

    Por ello, es por el bautismo de agua y del altar del amor prehistórico, descendido del cielo, como de nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, es que Abraham vino a ser el padre no solamente de Isaac, la nación hebrea, pero
    también de muchas naciones, amando toda verdad y justicia del pacto de vida hacia la eternidad. Seguramente, si fallas en ser bautizado y en el nombre de la santidad de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces tú
    has fallado en entrar en el pacto de la vida que él ya concertó con Abraham e Israel para ser liberado de la carne pecadora y del infierno tormentoso, por medio del bautismo de agua.

    Ya que, éste es el único bautismo que nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo reconocen para que cada hombre, mujer, niño y niña abandone la carne pecadora debajo del agua, separándote del pecado, muerte y del infierno en la
    perfecta santidad de su nombre bendito, que Abraham requirió poseer para ser salvo, renaciendo así del amor prehistórico. Ciertamente, cuando tú eres bautizado por los poderes asombrosos del nombre de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo y
    del Espíritu Santo, instantáneamente perfecta santidad asegurara que la carne pecadora descenderá al infierno tormentoso con todo pecado, para jamás levantarse para cubrir tu alma viviente, porque solamente la carne sagrada del pacto la cubrirá
    desde entonces y para siempre.

    Puesto que, ésta es la carne sagrada que Isaac había traído al mundo, vistiendo con perfecta santidad, gloria, poderes y amor eterno no solamente a Abraham pero también a sus retoños para generaciones futuras, porque ésta es la carne sagrada que
    nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo siempre enriquecerán cada día con milagros, poderes, maravillas y señales celestiales. Puesto que, ésta es la carne sagrada del pacto de vida entre nuestro Padre celestial y Abraham,
    nacido del vientre estéril de Sarah, por los poderes asombrosos del Espíritu Santo, después que ambos y junto con los 318 discípulos presentes comieron del pan y vino de la Cena del SEÑOR, dándole vida a Isaac como la única carne sagrada para vida
    eterna.

    Visto que, ésta es la carne sagrada que nuestro Padre celestial le aseguró a Abraham que era el único pacto de vida que perdurara por generaciones con él, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo, enriqueciendo a cada uno de los hijos que nacerán en
    generaciones venideras, junto con las familias de las naciones, también, amándolo, bendiciéndolo y sirviéndole a él, perpetuamente. Ahora, nuestro Padre celestial había dado vida a Isaac del vientre estéril de Sarah, por los poderes del Espíritu
    Santo, porque él estaba listo para reemplazar la carne pecadora, heredada de Adán y Eva, que estaba causando problemas, dificultades, enfermedades y muertes en toda la raza humana: entonces, para reemplazarla, sólo su Hijo Jesucristo tenia que nacer
    como Isaac, como el pacto eterno.

    Ya que, únicamente en Isaac, la carne sagrada descendió del cielo, por los poderes asombrosos del Espíritu Santo, para ser el pacto de vida eterna entre nuestro Padre celestial y Abraham, bendiciendo a los hijos y a las familias de las naciones,
    cuando todos ellos eventualmente se bauticen en agua y en altar del amor prehistórico, invocando su nombre bendito, ¡para salvación eterna! Visto que, éste bautismo será el único camino posible para entrar en el pacto de nuestro Padre celestial que
    es la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, introducida en la vida de Abraham y de sus hijos por el Espíritu Santo, para que cuando sean bautizados en agua, la carne pecadora descenderá con todo pecado hacia el infierno, para jamás levantarse
    nuevamente.

    Dado que, al emerger del bautismo de agua, en la asombrosa santidad de su nombre y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces todos recibirán la carne sagrada instalada milagrosamente sobre sus almas vivientes, reemplazando la carne pecadora
    permanentemente, para que finalmente reciban sobre el altar del amor prehistórico: el bautismo del fuego salvador para entrar al cielo, ¡perpetuamente justificados! Es aquí, en donde nuestro Padre celestial, su Hijo (como la carne sagrada, Cordero, y
    la sangre removiendo pecado) junto con el Espíritu Santo será glorificado por cada uno de nosotros, porque nosotros intencionalmente/voluntariamente abandonamos la carne pecadora, manchada con pecado y muerte: para recibir la carne sagrada llena de
    bendiciones y de vida celestial, complaciendo continuamente con toda verdad y justicia, perpetuamente.

    Puesto que, ésta es la carne sagrada que nuestro Padre celestial preparó con poderes y con riquezas asombrosas del cielo para bendecir no solamente a Abraham, porque él necesitaba salvación por medio del bautismo así como cualquier otra persona
    sobre su monte santo, entrando instantáneamente a la vida perfecto y santo, y así también los hijos y las familias de las naciones. Ésta es la carne sagrada de nuestro Padre celestial, vistiendo a Abraham y sus hijos, cuando él le dijo que él tenia
    que ser perfecto y santo así como él los es perpetuamente ante las huestes angelicales, para que él entre al la vida angelical, perpetuamente redimido: de otro modo, era imposible para él conocer a Dios y la vida, perpetuamente.

    Por eso, es que al Isaac nacer del vientre estéril de Sarah, entonces la vida eterna con la carne sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre reparadora nacieron igualmente con las promesas de eterna glorias, llenas de riquezas que nuestro Padre
    celestial había otorgado a cada hombre, mujer, niño y niña por medio de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo. Además, éstas son bendiciones que nosotros fallaremos en experimentar en nuestros corazones, almas, cuerpos y espíritu humano hasta
    que seamos bautizados en agua, en la santidad de su nombre bendito y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para que nosotros finalmente heredemos la carne sagrada con bendiciones, al abandonar la carne pecadora en el fondo del agua, para siempre.

    Puesto que, nuestro Padre celestial desea vernos vestidos de la carne sagrada proveída a nosotros por él mismo, empezando por Abraham, para que nosotros abandonemos la carne pecadora, invocando los poderes de grandes santidades del bautismo en su
    nombre todopoderoso, entonces, al levantarnos del agua instantáneamente nosotros estaremos enraizados/establecidos en su pacto inagotable, que tenemos con él y el cielo, perpetuamente. Infaliblemente, al tú ser bautizado en la santidad perfecta del
    nombre de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces tú serás extirpado de la carne pecadora y sus pecados, instantáneamente tu alma viviente emergerá del agua, entrando, debajo del altar de la carne sagrada y del
    amor prehistórico entre Abraham e Isaac, poseyendo el pacto indestructible, perpetuamente.

    Es decir, que únicamente por medio del bautismo de agua tú entraras en la carne sagrada y en el amor prehistórico, ardiendo apasionadamente sobre el monte santo de Jerusalén, desde que el altar de fuego que Abraham e Isaac encendieron cuando ambos
    ascendieron el monte, cumpliendo con toda verdad y justicia ante nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Éste es el único camino en que tú entraras en el pacto eterno de vida con nuestro Padre celestial, su unigénito y el
    Espíritu Santo, para que finalmente vivas la vida que él ya te la entregó junto con tus muy amados para vivirla por siempre en su gloria celestial: por todo ello, tú perfectamente puedes empezar a vivirla desde ya.

    Ésta es la vida que siempre te cuidara, porque emana bendiciones de cada día hacia ti y los tuyos, incluyendo a tus amistades por doquiera, poderosas bendiciones directamente de la carne sagrada, ya que ésta es la carne sagrada que Abraham e Isaac
    pusieron en el epicentro del altar del amor prehistórico, que eventualmente te bautizara con su amor salvador, para siempre. Y ésta es la vida que por siempre te cuidara, haciendo caminos por donde no hay ninguno, porque es la vida milagrosa que
    desciende directamente de nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo así como el amor prehistórico que descendió en el principio, bendiciendo a Abraham sobre el monte santo junto con su hijo Isaac, para bautismo eterno.

    Ciertamente, tú tienes que bautizarte, y esto es posible en cualquier cuerpo de agua disponible en tu alrededor, como tu bañera, sumergiéndote en la santidad del nombre de nuestro Padre celestial y el de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para
    que por medio de la santidad perfecta abandones tu carne pecadora, levantándote en la carne sagrada de toda bendición cotidiana. Y éste bautismo tú lo podrás hacer en tu casa, hundiéndote en tu pila llena de agua en la perfecta santidad del nombre
    bendito de nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para que escapes de la carne pecadora que siempre atrajo al pecado y la terrible influencia de Satanás y de sus ángeles caídos.

    Yo me acuerdo que de niño, yo llenaba la tina de agua hasta su limite y me sumergía en la santidad perfecta del nombre de nuestro Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, porque yo quería complacer con toda verdad y justicia del
    pacto de vida, que todos hemos heredado de Abraham con nuestro Padre celestial, perpetuamente. Éste acto de fe, realmente me bendijo tremendamente en muchas formas, protegiéndome de Satanás y de las influencias cotidianas de los ángeles caídos junto
    con gentes terribles que siempre desearon escapar con sus patrañas y decepciones, escondiéndose de toda justicia— y, por ende, han habido bendiciones sin fin de cada día y poderes protectores en éste pacto, que te será fiel infinitamente.

    Después de haberte bautizado en tu bañera, o tú perfectamente te puedes bautizar en la piscina, río o playa (si tienes una cerca), como puedas, hazlo, tú estarías cumpliendo con toda verdad y justicia del pacto de vida de nuestro Padre celestial,
    que él personalmente abrió infinitamente con Abraham y sus hijos, para que goces de bendiciones y protecciones por doquiera, perpetuamente. Tú, por siempre, vivirás una vida bendita, porque nuestro Padre celestial está obligado a bendecirte, ya que
    has cumplido con toda verdad y justicia al entrar en el pacto de la carne sagrada, en el epicentro del altar del amor prehistórico, descendido del cielo, no solamente para bendecir todo aspecto de tu vida, pero también para que renazcas en su imagen,
    perpetuamente.

    Y, es aquí, en donde tú eventualmente entraras en su imagen, renaciendo con él en su alma viviente, exactamente de donde tú saliste como su hijo en el cielo, para vivir conforme a la semejanza de su Hijo Jesucristo, que es la carne sagrada, por los
    poderes del Espíritu Santo y sus dones especiales, para que goces siempre las riquezas de su vida, perpetuamente. Puesto que, éste es el altar del amor prehistórico, descendido del cielo, en donde tú entraras milagrosamente, cuando eres bautizado en
    la santidad perfecta de su nombre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para que tú finalmente tomes posesión en su carne sagrada, que es el pacto de vida establecido con Abraham y las naciones, para bendiciones cotidianas, y salvación eterna.

    Puesto que, ésta es la carne sagrada que nuestro Padre celestial mandó a Moisés junto con el ejercito de israelí establecer en Canaán, destruyendo toda nación rebelde viviendo ahí que no perteneciese al pacto de vida, que es la carne sagrada que
    descendió del cielo para bendecirlo a él, y a su nombre bendito, y así hacer su voluntad para siempre. Considerándolo todo: Nuestro Padre celestial no solamente le había otorgado a Abraham pero también a Jacobo y a sus hijos a Canaán, que él
    necesitaba limpiarla de la carne pecadora para que sea habitada por la carne sagrada, que cada hijo e hija la introdujera en ella con bendiciones cotidianas y la salvación eterna, pactada con él y con su Hijo Jesucristo, perpetuamente.

    Por eso, es que era esencial para nuestro Padre celestial ver a Josué entrar en Canaán, porque Moisés había sido enterrado antes de poseer Canaán, ya que la tierra no solamente tenia que recibir a Israel pero también el altar del amor prehistórico,
    descendido del cielo, para que todos vivan en la carne sagrada hasta que finalmente renazcan hacia la gloria celestial. Puesto que, éste es el pacto de vida que nuestro Padre celestial había establecido inicialmente con Abraham, cuando Dios mismo le
    dijo: Nuestro pacto es de carne, y éste es Isaac su Hijo amado, que él tenia que amarlo todos los días de su vida, principalmente cuando lo ofrecía como el sacrificio del día sobre el Monte Moriah, ¡cómo holocausto continuo!

    Éste es un pacto sin fin de la carne sagrada, que nuestro Padre celestial no solamente esperaba que Abraham lo honrara y respetara toda su vida, pero también sus hijos por generaciones venideras, porque es solamente en ésta carne sagrada que él es
    muy complacido con toda verdad y justicia, que él mantendrá sus promesas firmes de bendecir a todos progresivamente. Por ende, ésta es la carne sagrada que nuestro Padre celestial necesita ver de pies a cabeza en cada hombre, mujer, niño y niña de
    Israel y de las naciones, porque es solamente en la carne sagrada que todos podrán entrar en su pacto, por el bautismo, y en la santidad de su nombre, para recibirlos a todos perpetuamente como familia.

    Absolutamente, nuestro Padre celestial le entregó Canaán a Israel, porque ésta es la tierra madre de su altar del amor prehistórico, descendido del cielo, ardiendo apasionadamente en su corazón, bendiciendo a Israel con milagros cotidianos, es decir,
    si se bautizan en la santidad perfecta de su nombre todopoderoso, para enriquecer sus vidas con la carne sagrada hasta ascender al cielo, perpetuamente justificados. Sin embargo, mientras Israel ha fallado en ser bautizado en agua y en la santidad
    perfecta de su nombre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces ellos han fallado continuamente en entrar en el pacto de la carne sagrada: para que sean bendecidos milagrosamente cada día hasta que finalmente asciendan a la gloria celestial,
    eternamente enriquecidos hacia toda la eternidad inmortal.

    Por eso, es que los israelitas no ven el altar del amor prehistórico del Padre, descendido del cielo, que lo estableció con Abraham e Isaac sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, para que todo aquel que busque salvación,
    entonces: Ellos tienen que ser bautizados en agua, instantáneamente entrando así en el pacto de la carne sagrada, perpetuamente redimidos. Ahora, Israel ha fallado en ver el altar del amor prehistórico de nuestro Padre celestial y que está
    perennemente en su lugar de siempre, pero fallan en verlo aún así, porque continúan fallando en cumplir con toda verdad y justicia del pacto de vida, al no ser bautizados en agua y en la santidad perfecta del nombre bendito, de nuestro Padre celestial.


    Por eso, es que aunque el altar del amor prehistórico, descendido del cielo, que es el único pacto de la carne sagrada sellado eternamente entre nuestro Padre celestial y Abraham, con todo, él siempre lo ha mantenido en perfecta santidad y escondido
    de todo ojo hasta hoy: Y, escondido, porque Israel continua viviendo en la carne pecadora, que él aborrece, por completo. Ahora, nuestro Padre celestial ha sido siempre fiel a Abraham y a sus hijos, incluyendo a las naciones, al mantener el altar de la
    carne sagrada y del amor prehistórico, descendido del cielo, en la perfecta santidad de su Hijo Jesucristo, y escondido siempre, de todo hombre, mujer, niño y niña, porque guerrea contra la carne pecadora al ser rodeada por ella.

    En otras palabras, nuestro Padre celestial amaría que su altar de la carne sagrada y del amor prehistórico, ardiendo apasionadamente sobre el monte santo, esté a vista de Israel y de las naciones, pero él no puede hacer eso: porque únicamente los
    que son bautizados y en su nombre todopoderoso, renacidos en su carne del pacto pueden verlo y acercarse a él. Seguramente, al Israel bautizarse en agua así como lo hicieron con Moisés cruzando el Mar Rojo, y en seco, invocando la santidad perfecta de
    su nombre bendito, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces él permitirá que todos no solamente lo vean en sus glorias cotidianas, pero también podrán acercarse a él: para que sean bendecidos y enriquecidos, perpetuamente.

    Por ello, sólo aquellos obedeciendo a nuestro Padre celestial, al ser bautizados en la perfecta santidad de su nombre bendito, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces todos habrán entrado en su pacto de vida y de la carne sagrada de su
    Cordero, para renacer en su Espíritu Santo: gozando y viviendo siempre las bendiciones de su altar del amor prehistórico. Nosotros podemos ver que nuestro Padre celestial es celoso de su altar del amor prehistórico, descendido del cielo, para bautizar
    con fuego salvador a quienquiera por todo el mundo, que sólo lo ame a él abundantemente, así de celoso como lo fue por el tabernáculo de reunión, porque se lo entregó del todo a Israel ya que se bautizo en el mar, cruzándolo.

    En aquellos días, nuestro Padre celestial tenia a su tabernáculo de reunión rodeado siempre de tres tribus de Israel en sus cuatro lados, sumando así las doce tribus de la nación, y él les permitió rodearla, porque ellos estaban en el pacto de la
    carne sagrada, entonces, él jamás se preocupó de la carne pecadora, guerreando en contra de su santidad perfecta. Así pues, lo mismo siguió siendo verdad con el tabernáculo de reunión cuando Israel entró a la tierra prometida para poseerla
    perpetuamente, y esto fue para conquistarla para el tabernáculo de reunión y el altar de la carne sagrada y del amor prehistórico, ardiendo apasionadamente como siempre, listo para bautizar con salvación eterna a quienquiera ascender a él,
    cuandoquiera, y siempre.

    Los israelitas se acercaron al tabernáculo así como lo hacían en el desierto, porque se bautizaron en el río Jordán al cruzarlo en seco, pero al Israel crecer y olvidarse de la importancia del bautismo en agua y en el nombre bendito dado a Moisés
    inicialmente sobre el Sinaí, entonces él tabernáculo tuvo que regresar al cielo, para ser rodeado de ángeles. El tabernáculo de reunión, ascendió al cielo y a su lugar original, en donde siempre existió en la eternidad, porque la gente que lo
    rodeaba estaba viviendo en la carne pecadora y no en la carne sagrada del pacto, establecido inicialmente por nuestro Padre celestial con Abraham, para cumplir con toda verdad y justicia del pacto, y para siempre hacia la eternidad.

    Bien, esto es lo que le sucedió al altar de la carne sagrada y del amor prehistórico, nuestro Padre celestial lo escondió de los israelíes, porque él tenia que mantenerlo perfecto y santo, cumpliendo así con el pacto, sin contaminación alguna de
    la carne pecadora hasta que Israel regrese al bautismo en agua y en la santidad de su nombre todopoderoso. Por razones de que, éste es el único camino posible en que ellos no solamente entraran a su pacto de vida de la carne sagrada, que verdaderamente
    es el altar del amor prehistórico, descendido del cielo, como de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, cumpliendo con toda verdad y justicia, y sólo entonces finalmente podrán verlo, ¡viviéndolo!

    Ellos lo verán eventualmente, porque habrán sido bautizados en la perfecta santidad de su nombre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entrando así en su pacto de la carne sagrada, en donde no solamente lo podrán ver, porque siempre es
    visible a los ojos de la carne sagrada, pero también acercársele para bendiciones de cada día y para siempre. Por eso, es que nuestro Padre celestial le entregó Canaán no solamente a Abraham pero también a sus hijos para que sean bautizados en agua
    y en la perfecta santidad de su nombre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, porque, vestidos de la carne sagrada verán no solamente su glorioso altar del amor prehistórico, pero también ascenderán eternamente redimidos al cielo.

    Ya que, ésta es la perfecta santidad que nuestro Padre celestial siempre usó en Israel, como cuando el tabernáculo de reunión con su Lugar Más Santo estuvo en todo su apogeo, produciendo rituales y ceremonias de poderosas santidades nunca antes
    vistas, al los sacerdotes Levitas conducirlas en sus labores diarias ante nuestro Padre celestial, santificando ángeles y a las familias israelíes igualmente. Y éstas son perfectas santidades que nuestro Padre celestial siempre recibió desde el
    tabernáculo de reunión y del sumo sacerdote, su Hijo Jesucristo, como el pacto de la carne sagrada, y así el Espíritu de las huestes angelicales pueda continuar rindiéndole amor y honor hacia él y su nombre bendito sobre el monte santo de Jerusalé
    n y de su altar del amor prehistórico.

    Visto que, así es como cada ritual y ceremonia de perfecta santidad es siempre hecha en el tabernáculo de reunión y en el Lugar Más Santo, al sumo sacerdote y Rey de Israel (Jesucristo), junto con el Espíritu Santo puede conquistar nuevas glorias
    por las huestes angelicales, para el nombre santo: y su bendición, bautismo y salvación hacia nosotros sean posibles siempre. Además, por eso nuestro Padre celestial le otorgó no solamente su tabernáculo de reunión junto con el Lugar Santísimo, al
    Moisés ascender sobre el Sinaí y el cielo, para que él lo reciba de nuestro Padre celestial, pero también las instrucciones para conducir cada ritual y ceremonia en perfecta santidad, sirviéndole a él y a su nombre en su amor divino, eternamente.

    Además, nuestro Padre celestial le otorgó el tabernáculo junto con las cosas santas a Moisés, porque él fue bautizado no solamente en agua pero también sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Sinaí, al altar del amor prehistórico
    descender del cielo, recibiéndolo así en el perfecto bautismo de amor, para que renazca como su hijo legitimo para liberar a Israel. Ahora, nuestro Padre celestial estaba feliz con Moisés e Israel, siempre que estén bautizados en agua del mar, y en
    la santidad perfecta de su nombre todopoderoso, de su Hijo Jesucristo como Isaac (la carne del pacto) y del Espíritu Santo, porque él necesitaba a cada uno en Israel viviendo únicamente en la carne sagrada, rodeando así su tabernáculo de reunión
    continuamente.

    Por eso, es que cuando Israel pecaba en contra de nuestro Padre celestial al rebelarse del liderazgo de Moisés, o cualquier cosa concerniente a la misión de cruzar el desierto hacia Canaán, entonces, él se enojaba con ellos, no tanto por sus pecados
    rebeldes, pero porque estaban alejándose de su pacto de la carne sagrada, amenazando así contaminar la santidad del tabernáculo. En tanto que, nuestro Padre celestial necesitaba continuamente ver a cada hombre, mujer, niño y niña rodeando su taberná
    culo, especialmente cuando sus sacerdotes levitas ministraban sus rituales y ceremonias de santidades perfectas no solamente para Israel pero también para las huestes angelicales, abrazando así en fe su pacto de la carne sagrada que mantiene todo santo,
    seguro, y sin pecado, como siempre.

    Por ende, era imperativo para nuestro Padre celestial de intervenir continuamente a defender a Moisés cuando se encontraba en problemas con los israelitas, pero también para asegurar la perfecta santidad de la carne sagrada y del altar del amor prehist
    rico, descendido del cielo, que todos en Israel habían pactado con él, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo al recibirlo del cielo. Dado que, nuestro Padre celestial tenia que asegurarse que todos en Israel, empezando por Moisés, se mantendrían
    firmes en su pacto de la carne sagrada, que es el epicentro del altar del amor prehistórico, en que todos habían entrado por medio del bautismo de agua del Mar Rojo, para que el servicio diario de su tabernáculo desarrolle perfecta santidad
    ininterrumpida de cada día.

    Ciertamente que, todo estuvo perfectamente con nuestro Padre celestial, su Hijo y el Espíritu Santo, siempre que los israelitas continuaran el bautismo en la santidad perfecta de su nombre todopoderoso, de su Hijo y del Espíritu Santo, un nombre dado a
    Moisés sobre el Monte Sinaí no solamente para liberar as Israel del cautiverio, pero también para el bautismo de agua cotidiano. Además, nuestro Padre celestial tenia que tenerlo hecho así con Moisés e Israel, al escapar del cautiverio Egipto para
    servirle a él, al sumergirse todos bajo el agua del mar, en la perfecta santidad de su nombre, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, porque en éste nombre todopoderoso todos serian bautizados para salvación eterna, hacia toda la eternidad
    celestial.

    De otro modo, era imposible para nuestro Padre celestial junto con su Hijo y el Espíritu Santo tratar con los israelitas mucho menos liberarlos del cautiverio y de la carne pecadora en el agua, cuando la santidad perfecta de su nombre todopoderoso los
    desgarraría del pecado, ascendiendo así a su pacto de la carne sagrada eternamente bendecidos para servirle en su amor eterno. Por eso, es que hasta el día de hoy continua aún siendo muy importante entrar en el pacto de la carne sagrada de nuestro
    Padre celestial, que él mismo empezó con Abraham, cuando ambos comían del pan y vino sobre la Mesa del SEÑOR, servido por su Hijo Jesucristo como La Santidad de Dios, para que vivamos bendecidos, protegidos y enriquecidos, perpetuamente.


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