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    From ivanvalarezo@gmail.com@21:1/5 to All on Fri Jan 6 19:43:50 2017
    Sábado, 07 de Enero, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    POCA SANGRE DE YESHUA (JESÚS) ENCENDIÓ LA MENORAH (LUZ DIVINA), INFINITAMENTE:

    La reconsagración del templo de nuestro Padre celestial, en Jerusalén, era necesaria, para que la casa de Israel se reconcilie con el SEÑOR, porque había sido deshonrado en 168 aC., por el enemigo del SEÑOR y de su nombre bendito, al introducir en
    el altar un ídolo llamado Zeus, que Antioco IV Rey Epífanes de Siria alababa, mientras gobernaba Palestina. Sin embargo, en 165 a.C., el templo estaba listo para Israel, porque Judas Macabeo junto con sus compañeros había trabajado por tres años
    para restaurarlo, en donde nuestro Padre celestial y su nombre bendito eran alabados, por ello las lámparas estaban listas para la celebración, pero solamente había una porción del aceite de oliva para encender una lámpara, por un día.

    El templo había sido entregado para servir a nuestro Padre celestial y a su nombre bendito sobre el altar que él mismo levantó para Israel, reuniéndooslo al rededor de su silla de la misericordia, para manifestar su grande gracia, su grande
    misericordia, su grande verdad y su grande justicia divina para ser honrado y glorificado constantemente por toda la tierra. Y es aquí, en donde los israelitas recordaban quienes eran en la presencia de nuestro Padre celestial, al recibirlos, sentado en
    su silla de la misericordia, para que lo honren y alaben como el Dios que les había dado vida por medio de su Hijo Jesucristo, del vientre estéril de Sarah nacido como Isaac, el hijo prometido a Abraham.

    Recordando sus vidas pasadas a través de las generaciones entonces los israelitas podían reconocer no solamente a nuestro Padre celestial y a su nombre bendito sobre toda su nación, entregándole así a él y a su nombre gloria, bendiciones y honras
    eternas, pero también se mantenían juntos como la nación del sueño de Dios listos para hacer su voluntad continuamente, para siempre. Esto fue la restauración de cada uno de ellos en Israel, al recibir nuevamente el templo del SEÑOR, en Jerusalén,
    listo para recibir sus adoraciones, oraciones y alabanzas, por las cuales nacieron para entregárselas divinamente, por el convenio de vida que Dios mismo había establecido con Abraham y con el vientre estéril de Sarah, para que su Hijo amado nazca
    como Isaac.

    Para que el amor divino de la familia de nuestro Padre celestial sea establecido en la tierra así como en el cielo con sus huestes angelicales, entregándole siempre gloria y honra a su nombre bendito, para que su amor prehistórico enriquezca la vida
    de cada ángel del cielo y en la tierra con cada hombre, mujer, niño y niña nacido de Israel. Por lo tanto, era muy importante para nuestro Padre celestial y para los Macabeos restaurar el templo de Jerusalén, para que no solamente las familias de
    Israel no caigan en tinieblas profundas de Satanás y de sus ángeles caídos, pero también las familias de las naciones: por ello, era importante restaurar el templo con sus luces inmediatamente, para escapar del mal eterno.

    Una vez que el templo fue restituido, e Israel empezó a usar de sus servicios, entonces nuestro Padre celestial envió de su gracia sobre su altar del fuego del amor prehistórico, para que arda apasionadamente con su grande gracia, con su grande
    misericordia, con su grande verdad y con su grande justicia divina, enriqueciendo así las familias de las naciones, progresivamente. Por lo contrario, si el templo en Jerusalén hubiese sido abandonado hacia la ruina total, entonces esto hubiese
    desagradado a nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, haciendo posible que Satanás y sus ángeles caídos siga incrementando sus poderes de tinieblas en todo el mundo, destruyendo así la vida de toda familia con gran crueldad,
    como en el infierno.

    Ciertamente, que ésta fue la restauración del templo que nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo buscaban en toda la casa de Israel, cuando los Macabeos pusieron sus manos a la obra, restaurándolo por completo: para que las
    lamparillas de la Menorah se enciendan, alumbrando a las familias de las naciones con bendiciones de gran gozo y salvación. Sin embargo, solamente había un poco del aceite de oliva consagrado para encender una lamparilla, en donde había nueve en total,
    que los Macabeos junto con los demás que los ayudaban para conmemorar el templo, empezaron a buscar el resto de aceite que necesitaban, pero no encontraron más de lo que ya tenían para encender la Menorah, sólo por un día.

    (Aquí, fue la mano invisible de nuestro Padre celestial, ayudándolos no solamente en la reconstrucción del templo y de su altar glorioso listo para arder con su amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espíritu Santo, pero igualmente,
    l les estaba enseñando a los Macabeos que la sangre de su Hijo amado ardería en la Lámpara finalmente hacia la eternidad.) Lo que los Macabeos fallaron en entender, fue que el aceite de oliva, puesto en la primera lamparilla, que ardería por un día,
    era realmente la sangre reparadora de su Hijo Jesucristo, ardiendo hasta la ultima lamparilla de los ocho días de fiesta del SEÑOR, celebrando finalmente la conmemoración del templo en Jerusalén y hacia nuestro Padre celestial, en el cielo.

    Las tinieblas, puestas por Satanás no solamente sobre las familias israelíes pero también sobre de las naciones del mundo entero, empezaron a desaparecer milagrosamente, porque nuestro Padre celestial y su Hijo Jesucristo con su sangre reparadora y
    junto con el Espíritu Santo, brillaban maravillosamente, dándole vida al espíritu humano, que las multitudes alababan a Dios nuevamente en sus templos doquiera, y siempre. Y es aquí, en donde cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las
    naciones vio luz brillante, invadiendo sus corazones, porque las tinieblas oscureciendo sus corazones y sus vidas se desvanecían milagrosamente, ya que el templo había sido restaurado al arder la primera lamparilla y el resto de la Menorah para la
    restauración y salvación de todo creyente, mundialmente.

    Fue, realmente, la pequeña porción de la sangre reparadora de su Hijo Jesucristo, que encendió no solamente la luz del templo en Jerusalén, pero también el corazón y vida de cada una de las familias de Israel y de las naciones, porque éste es el
    templo que nuestro Padre celestial la designó personalmente como La Casa de Oración para todas las Naciones. (Ojo: Cuando ores, mirando hacia el templo de Jerusalén, entonces tú serás enriquecido continuamente.) Por eso, es que su Hijo Jesucristo
    cuando se manifestaba a todos en Israel, caminando por las calles y entraba en los hogares de las familias hebreas, lo hacia anunciando el nombre del Padre celestial, por los poderes del Espíritu Santo, para perdón, sanidad, paz y restauración de sus
    vidas, asegurándoles, de que sólo él es la Luz del Mundo.

    Es decir, que también no solamente había abundante luz para el templo de Jerusalén, en donde el altar de nuestro Padre celestial está estacionado continuamente para que la gente se acerque derramando sus corazones y su amor hacia su Dios, su Hijo
    Jesucristo y el Espíritu Santo, pero también las familias del mundo entero empezaron a gozarse de su luz brillante. Además, era muy importante para los Macabeos poner sus manos en la restauración del templo y de su altar, en Jerusalén, porque
    igualmente nuestro Padre celestial quería poner sus manos a trabajar junto con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo, para ser todos ellos juntos la luz única brillando en los corazones de sus hijos por todas las generaciones venideras.

    Esto nos dice, que si los Macabeos junto con sus colaboradores hubiesen fallado en reestablecer el templo y su altar divino, para darle gloria y honra a nuestro Padre celestial y a su nombre bendito, entonces no solamente Israel hubiese caído en
    tinieblas eternas pero igualmente las naciones, haciendo así que el mundo entero entre en el mismo infierno tormentoso, eternamente perdido. Ahora, ya que el templo y su altar fue reconstruido para tener a Israel orando, sirviendo y alabando a nuestro
    Padre celestial y su nombre bendito, en Canaán, para él poderlos bendecir de acuerdo al convenio de vida con Abraham e Isaac, entonces el mundo empezó a recibir más de su gloria y amor divino, restaurando así la fe salvadora, mundialmente.

    En otras palabras, si el templo hubiese sido destruido junto con su altar, en donde nuestro Padre celestial se sienta en su silla de la misericordia, recibiendo a sus hijos para bendecirlos con su grande gracia, con su grande misericordia, con su grande
    verdad y con su grande justicia divina, entonces el mundo entero se hubiese hundido en tinieblas para jamás levantarse. Porque es únicamente por la divina luz brillante del convenio que nuestro Padre celestial empezó con Abraham, que ha mantenido no
    solamente a Israel vivo hasta nuestros días a pesar de los conflictos terribles, guerras y holocaustos inhumanos, pero igualmente las naciones han sido redimidas de males interminables, para que él mismo pronto convierta toda la tierra en su nuevo
    reino inmortal.

    Por eso, es que Satanás a través del tiempo ha tratado de establecer tinieblas en Canaán, pero ha fallado miserablemente hasta hoy, porque él solamente no quiere poseer el templo de Jerusalén y su altar del amor prehistórico, descendido del cielo
    con Isaac y el Espíritu Santo, pero también, apagar la luz brillante para que el mundo se hunda en tinieblas, perpetuamente. (En nuestros días, Satanás está luchando como siempre con el mismo propósito de poseer Jerusalén para poner sus manos en
    el templo del SEÑOR y de su altar divino, porque si lo lograra, así como siempre lo ha intentado desde el primer día, entonces podrá tener mayor control en los corazones de las gentes, destruyéndolos con sus tinieblas profundas, para siempre.

    Por ello, escrito está que oren por las paz de Jerusalén, porque la paz de Jerusalén es no solamente para el templo del SEÑOR, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo sobre el altar del amor prehistórico, ardiendo apasionadamente por la vida de cada
    uno de nosotros, de todas las familias de las naciones, pero igualmente por nuestro amor, bienestar y salvación. Por ende, manténganse orando por la paz de Jerusalén, obedeciendo al llamado de nuestro Padre celestial para orar por su altar bendito,
    para que la paz del templo y de su altar del amor prehistórico que gozara de sus oraciones, entonces te enriquecerá junto con tus amados y amistades con su gracia, misericordia, verdad y justicia divina: entregándote así vida abundantemente, siempre.)

    Históricamente, Satanás ha tratado de tocar el altar del amor prehistórico de nuestro Padre celestial, entregado incondicionalmente a Abraham y su hijo Isaac para encenderlo con su fuego celestial, bendiciendo grandemente el alma viviente de cada
    hombre, mujer, niño y niña, pero igualmente: bautizándolos con el cumplimiento de los Diez Mandamientos, perpetuamente, viviendo así una vida enriquecida y destinada al cielo, siempre. Sin embargo, Satanás piensa de que si tomare control del altar
    del amor prehistórico que bendice a nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo así como a todo hombre, mujer, niño y niña que cree en su corazón para justicia, confesando con sus labios su nombre todopoderoso para santidad,
    entonces será redimido: más Satanás quiere destruir aún toda salvación.

    Suponiendo que, si Satanás pudiese contaminar el altar del amor prehistórico, que es el único altar divino, ardiendo apasionadamente con el fuego de su grande gracia, de su grande misericordia, de su grande verdad y de su grande justicia divina,
    entonces el mal no solamente habría contaminado cada familia en Israel y de las naciones, pero también toda salvación seria imposible, perpetuamente. Por eso, es que nuestro Padre celestial lo tiene escondido de la vista de todos de la carne pecadora,
    porque los únicos que pueden verlo y tocarlo son los bautizados en agua y del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y con Espíritu Santo sobre el altar: en donde la carne sagrada es el cuerpo glorificado de todo creyente, perpetuamente.

    Y es únicamente aquí, sobre su altar del amor prehistórico, en donde nuestro Padre celestial finalmente se encontrara con cada hombre, mujer, niño y niña para que él mismo bautizarlo con su Espíritu Santo, haciéndolos renacer así de su imagen y
    de su alma santísima, conociendo todo su amor, paz, prosperidad y salvación en la tierra y en el cielo, para siempre. Aquí, nuestro Padre celestial puede no solamente recibir a cada uno de sus hijos, perdonándoles, además, bendiciéndoles
    poderosamente con la carne sagrada de su Hijo Jesucristo que encendió el fuego de la vida eterna, cuando la carne sagrada de Isaac ardía amorosamente sobre el altar, pero también, él mismo los bautizara con el cumplimiento de sus mandamientos para
    entrar al cielo.

    Éste es el altar del amor divino que nuestro Padre celestial siempre ha sentido por su Hijo amado y por su Espíritu Santo junto con sus hijos de Israel y de las naciones y listo para abrazarlos a cada uno con mucho amor, para que se queden con él al
    renacer de su imagen como sus hijos, regresando al cielo, eternamente enriquecidos. Ahora, para asegurar el perdón de sus hijos, sanidad de sus heridas, liberación de sus enfermedades y dolencias, incluyendo la muerte del infierno tormentoso,
    perpetuamente condenados ya, entonces él tenia que tener la carne del convenio de Israel sufriendo en cautividad, toda herida y maldiciones de las familias de las naciones en Egipto por cuatrocientos años, pagando así todos los pecados, perpetuamente.

    Visto que, nuestro Padre celestial había empezado un convenio con Abraham, para que su Hijo Jesucristo nazca del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo como Isaac, porque ambos comieron del pan y vino que le da vida a cada alma viviente con s
    lo comer con fe, para que la carne del convenio prevalezca sobre la carne pecadora, para salvación eterna. Ciertamente, que ésta es la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, destruyendo así no solamente
    la carne pecadora de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones, pero también para derrotar a Satanás y sus secuaces sobre el altar del amor prehistórico, bautizando así toda alma viviente con los mandamientos cumplidos, perpetuamente.

    Por eso, fue muy importante para nuestro Padre celestial tener a los hijos de Abraham descendiendo a Egipto como una familia de setenta, porque él estaba enriqueciendo a Egipto con riquezas jamás antes soñadas por nadie, ya que la nación de su carne
    sagrada en Israel iba a nacer: destruyendo no solamente el pecado, enfermedades, muertes, pero también toda obra de Satanás. En la cautividad de Egipto de más de cuatrocientos años, Israel sufrió como jamás pensó Abraham que sus hijos sufrirían,
    milagrosamente nacidos del altar del amor prehistórico, encendido por éste propósito, sin jamás conocerlo hasta que se encontraron viviendo los pecados, aflicciones, enfermedades, maldiciones y muertes de las naciones: porque su Rey Mesías destruirí
    a poderosamente toda obra de Satanás postreramente, para siempre.

    Pero para que esto sea posible, entonces nuestro Padre celestial tenía que hacer que Israel abandone la cautividad egipcia por su nombre milagroso, de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo, entregado inicialmente a Moisés después de haber hablado
    con Dios entre la zarza ardiendo, para que Israel finalmente sea bautizado en el mar Rojo, recibiendo la carne sagrada, para siempre. Ya que, era importante que Israel se bautice en el mar al invocar Moisés la perfecta santidad de su nombre bendito, de
    su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, para que cada hombre, mujer, niño y niña al cruzarlo en seco, entonces abandone la carne pecadora, para recibir la carne sagrada: en donde nuestro Padre celestial trabaja libremente con todos ellos, siempre.

    Esto es cuando, Israel no solamente entró en las aguas para ser bautizado, abandonando la carne pecadora junto con sus días malos, pero también empezaron a caminar en el Camino de Santidad, vestidos ya con la carne sagrada del convenio, listo para
    arder en la zarza de fuego sobre el monte Sinaí, para el bautismo del cumplimiento de los mandamientos eternos, perpetuamente. Sin embargo, al ser bautizados cruzando las aguas en seco con las paredes de agua gigantes en sus lados, entonces se sintieron
    sedientos, porque cruzando el mar respiraban aire y mistura salada, haciendo así que sientan sed de beber agua fresca, pero no había agua por donde iban: nuestro Padre celestial los estaba preparando, para beber de la roca.

    Ésta es la roca de salvación, en donde su Hijo Jesucristo vive, puesto que ya había sido inmolado sobre ella desde antes de la fundación del mundo, para darles de beber a cada uno de los hijos de Abraham de su sangre reparadora convertida en agua
    viva, para calmar su sed, camino hacia la tierra prometida, para conquistarla para Dios, para siempre. Ciertamente, que después de haber caminado por el desierto del Sinaí entonces empezaron a tener mucha sed, quejándose ante Moisés, y preguntándole
    con qué autoridad los había sacado de Egipto para morir de sed, en el desierto: y nuestro Padre celestial, oyendo lo que decían, les dijo que lo siguieran para mostrarles la roca que vierte agua dulce abundantemente, para siempre.

    Además, nuestro Padre celestial le dijo a Moisés que tomara setenta de los ancianos de Israel, para que lo siguieran hacia la roca que les mostraría y, entonces, le hablaran, para que vierta en agua viva para que toda la gente beba abundantemente
    junto con sus ganados hasta que se sacien por completo, y así dejen de querer regresar a Egipto. Ya que, jamás deberán regresar a Egipto, después de él haberlos sacado de su cautividad, para servirle en sus festividades y sacrificios que le ofrecerá
    n a él sobre su altar escogido en la tierra prometida únicamente para conocer siempre cada día sus bondades interminables, amor, vida y prosperidad del convenio de vida que estableció con sus antepasados: Abraham, Isaac y Jacobo.

    Además, nuestro Padre celestial más bien los mataba en el desierto del Sinaí antes que regresen a la cautividad eterna, porque ya habían recibido su nombre bendito para invocarlo en su perfecta santidad de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo,
    por ello, Israel jamás debería regresar a Egipto con su nombre, pero solamente a Canaán y su altar de amor eterno. Dado que, después de haber sufrido los pecados, maldiciones, enfermedades y muertes de todas las familias de las naciones, por
    cuatrocientos años de cautiverio continuo, entonces ellos estaban listos para venir a ser parte de su sacrificio continuo sobre su altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac para poseer a Canaán con la sanidad, liberación y salvació
    n de todo creyente.

    No obstante, en el desierto Israel listo para ascender el monte Sinaí, para ser bautizados en el fuego del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espíritu Santo, para que todo israelí cumpla finalmente con el Espíritu de los
    mandamientos así como Abraham, Isaac, Jacobo y ahora Moisés lo habían hecho—repentinamente Satanás se manifestó con su becerro de oro. Israel había esperado por Moisés que descienda del monte porque se preocupaban, pensando que le habrá
    sucedido, porque jamás se había alejado así por cuarenta días, que empezaron a desear adorar a Dios, que le pidieron a Aarón su sumo sacerdote que les dé un dios: entonces él arrojó todas sus joyas de oro en el horno, para ver que salía.

    Satanás salió del horno ardiendo en fuego como un becerro de oro, para que Israel lo adore:

    Satanás entró en Israel para pararlo de que llegue a la tierra prometida, en donde nuestro Padre celestial estaba listo para vestir su altar del amor prehistórico con su carne sagrada nacida de Isaac, convirtiéndola en polvo que fertilicé la semilla
    de los árboles clamando al cielo por su Hijo Jesucristo, que sea enviado ya a Israel con la salvación del creyente. Visto que, toda la casa de Israel murió, descendiendo al Valle de los huesos secos, mientras su carne del convenio nacida de Isaac como
    la carne sagrada se tornó en polvo, fertilizando las semillas de los árboles israelíes, clamando al cielo por nuestro Padre celestial que envíe a su Hijo Jesucristo para que los tale e integre al altar del amor eterno.

    Finalmente, Israel clamaba a nuestro Padre celestial a que envíe a su Hijo Jesucristo, para que los rescate por su carne santísima, porque sólo él es el unigénito con la carne sagrada convenida con Abraham y Sarah como Isaac, nacido para ser el
    Cordero ascendiendo el monte Moriah y postreramente el monte Sión, en Canaán, convertido en madero, recibiendo así toda salvación. Además, éste fue el clamor de la carne de Israel convertida en polvo y con sus almas en el Valle de muerte,
    cumpliendo así con el llamado del Padre a Moisés, de Israel integrarse al sacrificio continuo del altar del amor prehistórico como el madero, recibiendo con clavos su nombre santísimo y a su Hijo Jesucristo victorioso sobre toda artimaña de Satanás.

    Divinamente, Israel murió por el desierto del Sinaí, camino a Canaán, al ser atacado por sus enemigos por todas partes, ya que Satanás los esperaba con trampas terribles de hermandad falsa y de adoración a ídolos, y envenenados mortalmente por
    serpientes entre la arena hasta que mirando la culebra de bronce clavada a martillazos a la vara de Aarón, entonces se sanaron. Israel sufrió por cuarenta años más los pecados de las naciones además de sus maldiciones, adoración de ídolos, y
    terribles decepciones, llevándolos a enfermedades, contaminación y muerte, sufriendo así mortalmente heridas profundas del cuerpo y el alma, que únicamente nuestro Padre y su Hijo Jesucristo clavados a ellos y el Espíritu Santo ardiendo en amor
    eterno finalmente los liberarían de tormentos incalculables.

    A tiempo, Israel clamó a nuestro Padre celestial para que los liberara de muchos males sufridos, que no solamente él no podía hacer nada hasta que finalmente alcanzaran la cima del monte escogido por él mismo y manifestado a sus padres como Abraham,
    Isaac y Jacobo, porque una vez que subiesen a su altar, entonces serian bautizados con amor eterno, para siempre. Amor sanador que correría por todas sus almas vivientes llenas de gozo y de alegrías sin fin para ser perdonados por nuestro Padre
    celestial, sanando sus cuerpos y almas heridas como jamás habían gustado tanta sanidad divina, puesto que, serian clavados a golpe de martillo a su nombre bendito y a la carne ensangrentada de su Hijo Jesucristo, para salvación eterna.

    Además, nuestro Padre celestial podía hacer tan sólo un poco por Israel cuando iban por el desierto del Sinaí, enfrentándose a aflicciones de pecados, maldiciones, enfermedades, dolencias y muertes de las naciones, porque la liberación de pecados y
    sanidad de profundas heridas, podrían solamente desaparecer de todos ellos finalmente integrados divinamente a su sacrificio continuo sobre el altar del amor prehistórico. Ciertamente, nuestro Padre celestial solamente hacia poco por cada uno de ellos
    hasta que llegasen a Canaán y su altar que él mismo lo había recibido de Abraham, para que él sea honrado grandemente cada día junto con la carne sagrada de su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo que derramó su sangre reparadora hacia todo
    creyente que desee ser sanado ya.

    Ahora, toda la casa de Israel murió en el desierto, camino a Canaán, por culpa de la rebelión del cordero de oro; sin embargo, sus hijos pudieron entrar a Canaán, conquistándola para nuestro Padre celestial y para su sacrificio continuo listo para
    ser llevado acabo con la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, entrando a Israel con el derramamiento del Espíritu Santo. Cuando los hijos de los israelitas antiguos finalmente entraron a la tierra prometida, entonces ellos fueron bautizados en el río
    Jordán, además fueron circuncidados, porque todos habían fallado en hacerlo, incluyendo el liderazgo, por ello, esto fue algo que tenían que hacerlo para seguir adelante sirviéndole al Padre al ocupar Canaán para el sacrificio eminente de su Hijo
    Jesucristo.

    Puesto que, éste será el sacrificio finalmente restaurando no solamente a la casa de Israel para servirle a nuestro Padre celestial, a su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo, pero también a su glorioso nombre, entregado a Moisés sobre el monte Sinaí
    , para clavarlo al tallo del rebaño del SEÑOR victorioso sobre Satanás y sus males en Israel y en las naciones. Es decir también de que Jacobo por haber descendido a Egipto con su familia de setenta miembros, para vivir con su hijo José como segundo
    en mando ante Faraón y sus oficiales, entonces ellos pudieron vivir en paz y lleno de riquezas nunca antes vistas, porque nuestro Padre celestial los enriquecía grandemente por la obra que postreramente harían eventualmente, para la eternidad.

    Visto que, como los israelitas abandonaron la cautividad egipcia no solamente invocando milagros, maravillas y señales en la tierra y en el cielo, para que los egipcios finalmente entiendan que nuestro Padre celestial los llamaba para ser parte del
    sacrificio continuo, recibiendo su nombre bendito con clavos sobre su altar, entonces todo fue para posteriormente ser el madero salvador para las naciones. Éste es finalmente el Menorah resurgiendo no solamente ante Israel y las huestes angelicales del
    cielo, porque esto fue la obra de nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo, pero igualmente las familias de las naciones ven ésta gran obra terminada sobre el monte santo de Jerusalén, salvándolos a todos con sólo mirar a
    sus potentes rayos brillantes.

    Éste no solamente es el amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espíritu Santo, abierto siempre a quienquiera ser bautizado en agua y Espíritu, invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero también para recibir
    la luz de su gloria brillando en sus corazones y en cada paso hacia la gloria celestial, eternamente justificado con salvación perfecta. Éste es el amor divino que nuestro Padre celestial siempre conoció, amando a su Hijo Jesucristo y al Espíritu
    Santo, pero igualmente a cada hombre, mujer, niño y niña, empezando con Adán y Eva, porque fuimos nacidos inicialmente de su imagen para vivir conforme a la semejanza de su Hijo Jesucristo y llenos del Espíritu Santo de vida: conociendo todo bien,
    perpetuamente.

    Por eso, es que fue muy importante para nuestro Padre celestial restaurar su amor de familia y gloria divina de sus luces no solamente en la familia de Abraham y de sus hijos prometidos de generaciones venideras, pero también de todas las familias de
    las naciones, porque él siempre buscó atraer al mundo entero más cerca a su nuevo reino angelical. Es decir, que también nuestro Padre celestial finalmente hará no solamente a Canaán convertirse en un paraíso terrenal lleno de sus hijos nacidos de
    Abraham y del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, cuando Isaac nació como el cordero ascendiendo con amor eterno sobre el monte Sión en el monte Moriah, pero postreramente igual en Canaán para salvación eterna, universalmente.

    Mientras el Israel antiguo de la carne del convenio se tornó en árboles en Canaán, clamando por nuestro Padre celestial a que envíe a su Hijo Jesucristo, como el carpintero, cortándolos en las piezas de madera para ser una madera en sus manos,
    levantándolos sobre el altar del amor, pero también para que los bendiga con el gozo de la salvación, finalmente. Éste es el gozo para servirle a nuestro Padre celestial sobre su altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y el Espí
    ritu Santo, para que últimamente cumplan con su voluntad divina en sus almas vivientes, ya que estaban agotados de haber sufrido los pecados, maldiciones, enfermedades, aflicciones y muertes de las naciones, finalmente necesitaban bendiciones para
    vivir en paz, perpetuamente.

    Esto significa, que al haber nuestro Padre celestial enviado a su Hijo Jesucristo a Israel, naciendo del vientre virgen de la hija de David, por el Espíritu Santo, entonces él derrotó a Satanás en sus mismas tinieblas en Israel y en las familias de
    las naciones, retomando todo lo perdido a él de Israel, y de Adán y Eva, en el paraíso. Ya que, Lucifer como Satanás usó a la serpiente del Edén con mentiras para engañar a Eva y finalmente a Adán y sus hijos con decepciones terribles y tinieblas,
    aplicando toda maldad a la carne sagrada, contaminándola así con pecado, maldiciones, enfermedades, pobreza y muerte, entonces la misma carne sagrada reversiblemente tenia que derrotarlo: y éste es fue su Hijo amado, ¡Jesucristo!

    Porque ésta es la carne sagrada de nuestro Padre celestial en el cuerpo glorificado de Jesucristo, llevando no solamente su nombre bendito en santidad perpetua, pero igualmente su semilla, aplicada al vientre estéril de Sarah para que Isaac nazca del
    Espíritu Santo, y así en la hija de David para que Isaac nazca nuevamente, pero como Jesucristo, derrotando a Satanás para las naciones. Ahora, Israel antiguo se convirtió en polvo fertilizando las semillas de los árboles clamando a nuestro Padre
    celestial, para que envíe a su Hijo Jesucristo desde el cielo, porque solamente él lleva su nombre santo para salvación, pero igualmente la semilla, para salpicarla sobre todo Israel y todas las naciones, para que su amor reine mundialmente, llenó de
    sus luces divinas, perpetuamente.

    Es decir, que también Israel siendo el cordero inicial de nuestro Padre celestial nacido de Abraham y del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, entonces finalmente llegó a la tierra prometida, convirtiéndose en los árboles del madero
    clamando a la corte celestial, que les dé su nombre y su semilla divina, para servirle perpetuamente sobre su altar de amor eterno. Esto fue todo lo que Israel como la torre (madero) del rebaño del SEÑOR clamaba a nuestro Padre celestial que haga ya,
    para que finalmente encontrar la paz y el alivio después de sufrir los pecados, maldiciones, enfermedades y muertes de las naciones en el cautiverio egipcio y por el desierto del Sinaí, para ser finalmente el sacrificio continuo de todos, perpetuamente.


    Porque al nuestro Padre celestial enviar a su Hijo Jesucristo al Israel antiguo, que abandonó el cautiverio egipcio, y que esperaba ya como los árboles que necesitaban ser cortados por él y levantados al altar de Abraham e Isaac y del fuego de la
    gracia, misericordia, verdad y justicia divina, entonces fue para recibir finalmente la sangre reparadora para vivir eternamente enriquecidos. Visto que, cuando el nombre de nuestro Padre celestial fue clavado a Israel, como el madero, entonces la carne
    sagrada de Jesucristo recibió sus pecados, maldiciones, heridas profundas y muertes, para que el Padre derrame su semilla nuevamente que le dio vida primeramente al vientre estéril de Sarah y así últimamente al de la hija de David, llenando de vida
    toda humanidad.


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